jueves, 25 de abril de 2013

“Los Muros de Cataluña”: un libro que abre ventanas en los muros del silencio mediático catalán.


 

Desde que en los años ochenta se instaurara en Cataluña el régimen nacionalista muy pocos son quienes se han atrevido a discutirlo y la mayoría de quienes lo han hecho se decidieron por un exilio voluntario o forzoso ante la presión del régimen. En “Los Muros de Cataluña” Javier Montilla describe de una manera valiente y muy clara todo el proceso y la evolución de los hechos que han llevado a Cataluña a la actual situación de división, manipulación y falta de libertades, proceso que ha ido cumpliendo paso a paso un plan y una estrategia que Jordi Pujol y la cúpula nacionalista diseñaron antes incluso de su llegada al poder.

“Los Muros de Cataluña” no es sólo un libro que nos habla del nacionalismo, como en la portada dice: es un libro polémico que no dejará indiferente a nadie. Es un libro disidente que  nos explica aquello que los medios de comunicación oficiales (y que en Cataluña lo son todos, cautivos por el poder de la subvención) silencian o manipulan. Y quizás, al menos desde el punto de vista de un catalán que vive en Madrid, uno de los elementos más interesantes del libro es que hace un análisis desde Cataluña para toda España, lo que en mi opinión lo hace casi imprescindible no sólo para los catalanes, a quienes nos concierne directamente todo este proceso, si no sobretodo también al resto de españoles que en la mayoría de los casos no acaban de visualizar  las claves en las que se mueve el binomio amenaza-victimismo del nacionalismo catalán.

Perfectamente estructurado, con un estilo muy claro y directo, Javier Montilla va desgranando, en cada uno de los capítulos cada una de las claves que han ido levantando esos muros entre la Cataluña que está construyendo el nacionalismo y el verdadero espíritu y forma de ser de los catalanes que mayoritariamente nunca han dudado de su filiación española. En “Los Muros de Cataluña” a cada una de esas claves se le añaden ejemplos y situaciones reales ilustrativos de la situación que viven los ciudadanos de Cataluña, desde la discriminación de los niños castellanoparlantes, pasando por las multas por no rotular en catalán, hasta las comisiones del 3% y la corrupción generalizada en Cataluña, y todo se complementa con citas, hechos y acontecimientos históricos fruto de un trabajo de documentación serio y contrastado del que carecen la gran mayoría de obras que se prestan a la manipulación del nacionalismo.

Desde la limpieza lingüística del castellano, pasando por la manipulación de la historia, la implantación de la red clientelar y la corrupción de la casta nacionalista entre otras, Javier Montilla repasa cada una de esas claves y lo más importante, nos explica esa aparentemente incomprensible actitud de España que como él dice “mira para otro lado”

Un libro muy recomendable y necesario. En mi opinión una lectura de referencia porque aporta una visión actualizada del problema catalán. La nueva deriva independentista ha dejado desfasados muchos de los análisis publicados hasta ahora, así que se hace necesario un análisis  actual, fresco y libre que aporta el libro de Javier Montilla. Imprescindible para quienes conocen la situación en Cataluña, porque el orden y claridad del libro nos abre a nuevos argumentos en pro de la libertad y en contra del nacionalismo, pero en especial también para quienes desde la distancia o estando interesados en salir del silencio mediático quieren conocer qué está pasando de verdad en Cataluña, descifrar la espiral disgregadora en la que se han metido los partidos nacionalistas catalanes y entender la actitud pasiva de España ante el “órdago” del independentismo catalán.
 

 “Los Muros de Cataluña” de Javier Montilla se presenta este viernes 26 de abril en el Centro Cultural Zayas de Madrid (Calle Príncipe de Vergara 40) a las 8:15 de la tarde. Con Alejo Vidal-Quadras

Yo estaré allí y es una oportunidad para encontrarnos quienes estemos en Madrid esa tarde.
 
Guillermo Brunet
 

viernes, 19 de abril de 2013

Sant Jordi secuestrado por los nacionalistas



El independentismo catalán no puede dejar pasar la oportunidad de apropiarse también de esta fiesta ciudadana, sin el componente político que sí tiene la Diada.

Catorce entidades se han unido para llevar a cabo la campaña 'Per Sant Jordi, el llibre, la rosa i l'estelada al balcó' (Por San Jordi, el libro, la rosa y la estelada en el balcón) con el mismo propósito que anteriores y similares campañas: el apoyo a la causa soberanista.

Las asociaciones organizadoras y subvencionadas por parte del govern son las habituales: Assemblea Nacional Catalana, Associació Catalana de Professionals, Associació de Municipis per la Independència, Cercle Català de Negocis, CIEMEN, Col·lectiu Emma, ENS, Fundació Catalunya Estat, La Fàbrica, Òmnium Cultural, Plataforma per la Llengua, Plataforma pro Seleccions Esportives Catalanes, Sobirania i Justícia i Sobirania i Progrés, las mismas del proyecto ElClauer.cat.


El partido Ciudadanos (C's) ha reivindicado que la fiesta nacional de Cataluña sea San Jordi, en vez de la Diada del 11 de septiembre, porque el día de la rosa y el libro es celebrado por todos los catalanes por su carácter festivo y cultural, con ese toque romántico de regalar la rosa a la amada o el libro al amor.

Yo no quiero que el día mas festivo de Cataluña en las calles, en los hogares y en todos los ámbitos ciudadanos de Cataluña, este secuestrado por los nacionalistas y quieran dejar de lado a esos catalanes que no piensan como ellos, que no aceptan la estelada como bandera y mucho menos el camino de la separación de España.
A esos a los que llaman Fachas por no tener sus ideales, por querer convivir en un marco bilingüe dentro de la legalidad, sin tener ese enfrentamiento constante con España, que están orgullosos de ser Catalanes y Españoles, que muchos son emigrantes de fuera de Cataluña y celebran ese día como cualquier catalán mas, pero al mismo tiempo se sienten perseguidos por no saber hablar en Catalan, que poco a poco se sienten desplazados en este día cada vez mas por el ambiente político que esta cogiendo la jornada de Sant Jordi, ya bastante tenemos que el día de la comunidad catalana lo tienen politizado y lleno de reivindicaciones separatistas, dejemos la única fiesta donde hasta el día de hoy no tiene ni consignas independentistas ni de unión a España, como bien he dicho antes tiene un ambiente festivo y cultural.


Sin contar con lo ultimo en souvenirs con la estelada que han salido desde el 11s, empezaron con el papel higiénico, pasaron por la ropa interior, y por el DNI de 11 € que nos quieren imponer a todos los ciudadanos de cataluña, ahora han sacado al mercado el reloj del San Jordi independentista, que lleva una estelada en el escudo del valiente caballero. En blanco o negro y con oferta especial para este día.


José Manuel Mateo


miércoles, 10 de abril de 2013

El DNI catalán se vende a 11 euros



La asociación DNI.cat tiene como objetivos 'conseguir que todo ciudadano de Cataluña tenga el Documento Nacional de Identidad de los 'Països Catalans'' y , por ende, 'conseguir la validez del documento para la realización de gestiones administrativas, y hacerlo oficial'. Para ello apelan al Estatuto de Cataluña que dice que 'disfrutan de la condición de catalanes todos los ciudadanos que tengan vecindad administrativa en cualquier municipio de Cataluña', por tanto, 'el Carnet de Nacionalidad Catalana es el documento que acredita esta ciudadanía, que nos honra y dignifica'. Además, tienen la desfachatez de invocar la Constitución Española porque 'dice que somos españoles y catalanes a la vez, por tanto, debemos tener dos carnets y llevarlos con el fin de quedar totalmente identificados, y no a medias'.

Así comienza una noticia publicada en el digital Dialogo libre, realmente desde Cataluña se están volviendo locos, con el desprecio de echar por tierra todo lo que huele o venga desde España, la última es el DNI catalán, para todas estas gilipolleces sí que tenemos dinerito fresco en Cataluña, dinerito que a nadie se le olvide que viene de España, de esa España que nadie quiere pero que sí que van cada tres meses a pedir dinero.

Con la excusa que si España nos debe, que si España nos roba "vamos la cantaleta de siempre", la que nadie se cree en su sano juicio porque es mentira, desde que está el señor Mas gobernando ¿Cuántos miles de millones les han dado desde el Gobierno central? una burrada ¿En qué se lo están gastando? en los ciudadanos no, se lo gastan en apoyar gilipolleces como esta, mientras que los farmaceuticos están sin cobrar, en los hospitales están cerrando plantas, están cerrando CAPs o ambulatorios con urgencias por las noches.

Señor Mas olvídese del viaje a ITACA y empiece a solucionar los problemas reales de los ciudadanos, comience a aprovechar el poquito dinero que tenemos en Cataluña a distribuirlo en las necesidades reales, no las necesidades ficticias de un país que nunca será, que por mucho que se quieran crear estructuras de estado, poner cimientos a un sueño suyo y de su socio de ERC el señor Junqueras, por muchas subvenciones a la caverna mediática catalana no se va conseguir salir de esta crisis y mucho menos solo, sin la ayuda del Estado español que es el que les está dando ese dinerito que usted derrocha tan fácilmente en sueños imposibles.

José Manuel Mateo

martes, 9 de abril de 2013

El acoso independentista en las redes sociales


El ciberacoso se manifiesta de múltiples maneras en la red. El motivo de la conversación online , sea cuál sea la temática , es sólo el pretexto que el famoso troll utiliza para hacerse notar y, de paso, pretender intimidar a los demás usuarios contrarios a sus opiniones.

En los foros y redes sociales donde se discute sobre política, los trolls nacionalistas no se comportan de una manera muy diferente a la que suelen comportarse los trolls que irrumpen en conversaciones sobre fútbol, tribus urbanas o televisión. Es cierto, también, que el ciberacoso no se reduce a trolls anónimos, también hay usuarios con nombre y foto real que también adoptan estas actitudes.

El acoso nacionalista tiene en internet otro gran escaparate. Es muy común ver cómo en las redes sociales se usa la excusa de la discrepancia política para acabar en el insulto, el desprecio y el acoso permanente. El troll, el que usa pseudónimo y foto falsa, con más o menos habilidad, suele recurrir al insulto directamente. Intentar razonar con un troll es alimentar su ego y darle el protagonismo que busca, ignorarlo es justamente lo contrario.

Sean trolls o no, utilicen nombres falsos o no; hay una serie de rasgos que suelen caracterizar al usuario que falta al respeto a los demás con la excusa del independentismo. ¿Ser independentista equivale a ser faltón y agresivo en la red? No, pero sí es verdad que muchos usan su condición de independentistas para emplear su mala educación con los que no lo son, y además se sienten plenamente legitimados y animados por otros ciberacosadores similares.

Cuando detectan a álguien que discrepa de su pensamiento, su primera reacción suele ser de asombro o descrédito. Acostumbrados a moverse en un círculo de amigos, trabajo o familia donde nadie les lleva la contraria y más o menos todos defienden lo mismo con unanimidad, enfrentarse al que opina lo contrario, aunque sea virtualmente, los llena de cierto grado de sorpresa y, a veces, excitación. Encontrar a alguien que defienda justamente lo contrario los enerva, es para ellos un gran hallazgo, su gran oportunidad de espetar a esa persona no independentista todas sus fobias, aunque esa persona no la conozcan de nada ni sea culpable de nada.

Por ejemplo, un servidor no es independentista, pero no tengo nada que ver ni soy responsable de lo que hagan José Mourinho, Tomás Roncero, Intereconomía o todos esos iconos que el independentista detesta, iconos que probablemente relacionen conmigo en su despampanante ejercicio de lógica asociativa. ¿Y si, en realidad Mourinho e Intereconomía sí fuesen mis referentes?¿Qué problema habría? Seguimos con el mismo síntoma de intolerancia. Los referentes mediáticos del ciberacosador independentista seguro que también me resultan muy desagradables y no es razón para caer también en la tentación del ataque personal y pretender acorralarlo virtualmente.

Después de su sorpresa inicial, nuestro ciberacosador intenta investigar sobre dónde vives, tus gustos o tus preferencias para después usar esa información en tu contra, especulando con tópicos que le ayuden a deformar tu imagen mediante la difamación gratuíta. Ya sabe que no eres independentista como él, ése ya es un input suficientemente negativo y lo acabará reforzando con cualquier otro dato, en el caso de que esté a su alcance, y si no, se lo acabará inventando a partir de sus especulaciones. Continúa la perversa asociación de ideas: no eres independentista como yo, entonces seguro que eres del Real Madrid y la Roja, te gusta tal cantante hortera o tienes tales gustos o costumbres extravagantes y eres un perfecto inculto, garrulo e incívico. No te esfuerces por justificarte y convencerlo de que no es así, el independentista llegará a esa conclusión sobre tí y la mantendrá pese a todo, aunque no te conozca de nada. Sólo él lee, sólo él es virtuoso, solidario, preocupado por el medio ambiente, entendido en arte, sólo él tiene carreras, sólo él es bueno haciendo bici o running y sólo él y su selecto círculo saben idiomas y son cultos, los demás, por no ser independentistas, ya somos, simplemente, escoria sórdida e inadaptada. El independentista en internet también te reprochará que no hablas catalán y si lo hablas, seguro que te encuentra alguna falta de ortografía o te echa en cara que no tienes suficiente habilidad con los pronombres.

Es probable que, a destiempo , y sin venir a cuento el ciberacosador te cuelgue un enlace o alguna noticia publicada en algún medio que él considera de la caverna y te pida explicaciones y a tí, sinceramente, ni te interese o sea una cuestión que esté fuera de tu alcance. También te colgará enlaces favorables a sus intereses: como encuestas favorables al SÍ a la independencia o noticias sobre masivas movilizaciones; enlaces acompañados de coletillas o comentarios desafiantes.

Si eres simpatizante del PP, Ciutadans o UPyD, es probable que te pida explicaciones sobre lo que han dicho o hecho Mariano Rajoy, Albert Rivera o Rosa Díez, actitud totalmente absurda si eres un simple ciudadano de a pie que nada tiene que ver con los órganos de dirección de esos partidos.

El ciberacosador independentista te ha descubierto, te ha acosado partiendo de sus ideas preconcebidas sin conocerte de nada y, a partir de ahí, ya te desautoriza para opinar sobre cualquier otra cosa. Da igual que estéis de acuerdo en gustos musicales, cinematográficos o gastronómicos, ya te ha encasillado como un ser que no está a su altura y todo lo que digas queda invalidado por tu condición de “facha” o “español”.

De la sorpresa inicial al acoso más sutil, de sus prejuicios, su asociación de ideas, donde infiere del no ser independentista lo peor, al descaro y, posteriormente, el insulto. El modus operandi del troll independentista contra el que no es de su cuerda es bastante común. Su perfil es variado, puede ser adolescente o de avanzada edad, profesor universitario o padre/madre de familia con una reputación externa aparentemente ejemplar. De nosotros depende si nos interesa entrar en su juego o no y detectarlo a tiempo.

José Luis Osorio

miércoles, 3 de abril de 2013

La manipulación semántica nacionalista

Las ideologías totalitarias siempre modifican el lenguaje de aquellas sociedades en las que se imponen. Es muy importante que los individuos se vean forzados a utilizar unos códigos lingüísticos determinados mostrando de esa manera su sumisión a la autoridad. Por ejemplo en la antigua Unión Soviética se decía el "camarada ministro" en vez de decir el "señor ministro". Una modificación del lenguaje que parece inofensiva, pero es un cambio radical y por lo tanto un acto de obediencia.

La Alemania nazi también trajo consigo una nueva forma de expresarse. De hecho el responsable de la maquinaria propangandística nazi, Joseph Goebbels, era licenciado en filología. Una de las víctimas del holocausto, Primo Levi, nos cuenta las expresiones usadas oficialmente para referirse a la masacre:
En el lenguaje oficial sólo se usaban eufemismos cautos y cínicos: no se escribía "exterminación" sino "solución final", no "deportación" sino "traslado", no "matanza con gas" sino "tratamiento especial", etcétera.
George Orwell en su libro "1984" describe una sociedad totalitaria en la que los pilares del totalitarismo son la manipulación de la historia llevada a cabo por el Ministerio de la Verdad y la manipulación lingüística a través de la "Neolengua", una nueva lengua "creada para solucionar las necesidades ideológicas". Por ejemplo al Ministerio de Guerra se le llama Ministerio de Paz.

El nacionalismo igual que todas las ideologías totalitarias, está obsesionado con hacernos hablar de una manera determinada. En alguna ocasión hemos tratado el tema de los topónimos (¿Gerona o Girona?). Pero la obsesión nacionalista no se limita a los topónimos. Por ejemplo se han empeñado en que llamemos a Jordi Pujol "honorable" o que digamos "Generalitat" en vez de "Generalidad" o "president" cuando nos referimos a Artur Mas. Pero una de las cosas que más me molesta es cómo han conseguido que las palabras "España" y "español" desaparezcan del vocabulario.

Recuerdo cuando era niño cómo para referirnos a la lengua de Cervantes decíamos "español". Era lo lógico, de hecho es lo que se hace en todos los países de habla hispana. Sin embargo alrededor de 1980 el nacionalismo decidió erradicar esa palabra con un argumento que le haría reír a un mono. Nos decían que había que llamarla "castellano", porque español son todas las lenguas de España. Y poco a poco fuimos cediendo porque no merecía la pena destacar por una cuestión aparentemente insignificante. En esa misma época, en la televisión pública catalana, hacían malabarismos para evitar la palabra "España". Por ejemplo, el hombre del tiempo decía "En Cataluña tendremos un día soleado, mientras que en el resto del Estado habrá chubascos tormentosos", lo cual es absurdo porque en el Estado nunca llueve. Mi padre, que era muy simpático, decía "No me queda claro en qué parte del Estado lloverá, si en el Ejecutivo, en el Legislativo o en el Judicial". Hoy en día la palabra "España" está estigmatizada en Cataluña, de tal forma que para evitar ser considerado un fascista es mejor utilizar la palabra Estado o península Ibérica. La manipulación de la lengua y la creación de esa "neolengua" nacionalista ha facilitado el fuerte aumento del nacionalismo catalán que venimos observando en los últimos años.

La mejor manera de luchar contra la manipulación es la insumisión lingüística. Es decir rebelarse y utilizar las expresiones que sean más antipáticas al nacionalismo. Por ejemplo, cuando hablamos de la región vasca podemos llamarla de las siguientes formas:
  1. Euskadi
  2. País Vasco
  3. Vascongadas
Los nacionalistas han conseguido que desaparezca la tercera: Vascongadas, lo cual es increíble ya que ésta ha sido tradicionalmente la manera de referirse a las provincias vascas. Mi madre que es vasca siempre había usado esa expresión, pero hoy en día su utilización se considera políticamente incorrecta. ¿Por qué? porque así lo ha decidido el nacionalismo. Podemos usar argumentos de catedráticos con reputación, pero para mí la razón más importante es que no quiero que me manipulen. Yo prefiero decir "Vascongadas", porque a los nacionalistas les molesta. Ése es el mejor criterio ... en caso de duda insumisión lingüística.

lunes, 1 de abril de 2013

Mi Cataluña


En 1960 mi padre encontró trabajo en Barcelona. En aquel entonces había pocos profesionales en España y Barcelona era además una ciudad encantadora, yo tenía seis años. Barcelona, Cataluña era total y completamente española y aunque las clases más bajas hablan en catalán entre ellos nunca lo usaban para dirigirse a personas que estaban hablando en castellano, y digo "castellano" porque el catalán es también español, como también es francés por culpa de ellos. Yo consideré a Cataluña mi tierra y me sentía más a gusto en ella que en otras partes de España aunque siempre me seguí sientiendo en casa en Madrid. Me casé con una catalana que hablaba castellano con acento, era hija de un tintorero de Gracia y nieta de un republicano, aprendí a hablar el catalán y conocí a Sisa, Pau Riba, a Maria del Mar Bonet a Tereçi Moix y a otros muchos catalanes, me interesé mucho por la cultura de la región o país, el modernismo Gaudí, Josep Plá, el Ampurdán, Pau Casals, el Priorat etc. Llegué a amar aquella parte de España tan especial abierta al Mediterraneo y que parecía más suave, más dulce, más cosmopolíta y abierta que el resto España, hasta la Odisea traducida al catalán por Carles Riba me parecía más bella que la traducción al castellano por otro catalán ilustre, Luis Seglá y Estadella. Aplaudí emocionado a Tarradellas el 23 de octubre de 1977 cuando habló en la Plaza San Jaime, siempre lo había admirado y me sentía lleno de orgullo de tenerlo por presidente de la Generalidad como sentía respeto y agradecimiento a Adolfo Suarez, nunca imaginé lo que sucedería después.

Todo empezó a cambiar cuando alguien que no le llegaba ni a la suela del zapato a Tarradellas ocupa su lugar, al año de estar Pujol en la Generalidad empecé a sentirme a disgusto. Me di cuenta inmediatamente del juego nacionalista por parte de un oportunista con pocos escrúpulos y una gestión dudosa y deshonesta en Banca Catalana, a los nacionalistas no les importaba como tampoco les ha importado ahora los manejos de su hijo. En el 2003 dejé Cataluña definitivamente, asqueado y con el dolor que lleva hasta la muerte el que vive en el exilio si no puede volver a su tierra. Yo no solo no puedo vivir en una Cataluña llena de odio, de oportunismo, en una sociedad totalmente enferma y engañada por el constante lavado de cerebro, adoctrinada en un fascismo, separatismo y odio hacia el resto de España y el resto de los españoles, que es mil veces más intolerante y fascista que la Cataluña de los 60, no solo no puedo vivir allí, no puedo volver.

El niño de la foto soy yo con mi madre, lo que está detrás es Bellesguard, la casa de Gaudí donde viviamos.

Adrián Bellesguard