lunes, 21 de octubre de 2013

La inmersión lingüística en Cataluña


Uno de los lectores de este blog me ha pedido que le publique su visión sobre la inmersión lingüística en Cataluña. Él quiere permanecer en el anonimato. Ahí va:

Querido lector, le traigo un tema un tanto espinoso, un tanto delicado debido a las pasiones que levanta y más con la sombra de secesión que amenaza al país. Y aunque no tenga que ver mucho con Alemania, si tiene que ver con el futuro de España, que pasa por momentos delicados hoy en día y no me refiero solo económicamente. Se trata del catalán; y no del catalán en sí, como lengua, sino a su imposición progresiva en la vida pública de Cataluña y sobre todo en su imposición en las aulas.

La inmersión lingüística en Cataluña nació de una iniciativa popular de profesores y padres que deseaban que algunos centros se impartiera en catalán y surgió en los años 1980 en Barcelona y con la colaboración de partidos de izquierdas como el PSUC, que por entonces apoyaron la iniciativa. La idea fue tomando forma y el centro barcelonés de Roselló-Porcel se convertiría en el primer centro en impartir las clases en catalán desde el fin del franquismo y eso se produjo durante el curso 1983-1984. Por entonces, los institutos catalanes impartían las clases en castellano y había una asignatura extra para aprender catalán, por lo que el catalán no estaba excluido como lo era en tiempos del franquismo. La iniciativa fue apoyada posteriormente por partidos nacionalistas como CiU, en la que crecieron considerablemente los centros donde se impartía clases en catalán. Con el gobierno del tripartito, coalición formada por PSC, ERC e ICV supuso el apoyo total comenzando las escuelas e institutos de educación secundaria a impartir casi exclusivamente en castellano, salvo dos asignaturas: castellano y educación física, cosa que resulta risible. Así fue como el castellano quedó K.O. en la educación catalana, pasando a estar en un segundo plano.

Resulta comprensible, que una región, con un idioma propio, quiera fomentar su idioma. Se trata de sus orígenes, su cultura. Y la iniciativa ciudadana que buscaba que hubiera centros educativos que impartieran clases en catalán suponía algo hermoso y todo con el fin de proteger una lengua que tanto tiempo estuvo reprimida en los tiempos de Franco. Si eres español habla español era uno de los lemas de la dictadura, en los que trataba de acallar la riqueza de idiomas del conjunto de España, como el gallego, el euskera y el catalán. Y eso que Franco era gallego.

Ventajas y desventajas puede uno buscar en vano, el castellano es la segunda lengua más hablada del mundo, el catalán solo se habla en Cataluña y sus dialectos en Valencia y las Islas Baleares, estas últimas comienza a ser más importante el alemán casi que el dialecto mallorquín debido a la gran colonia de teutones que se asienta allí. El catalán no sirve para contratar socios comerciales en Manchester, Dijon o Düsseldorf. Pero sin embargo, queda un sentimiento de pertenencia a una cultura y una lengua, que elimina lo irracional y hace que quieras expresarte en tu lengua, porque es simplemente tu lengua.

Sin embargo, los tiempos de Franco ya pasaron, nadie prohíbe el catalán y todo el que quiera, en Cataluña lo puede expresar cuando quiera y como quiera, en el ámbito público. En los años posteriores a la transición a la democracia, cuando surgió la iniciativa ciudadana para la inmersión lingüistica en Cataluña estaba bien visto hablar y aprender el catalán; era un signo de identificación y de progreso social. Pero ahora el catalán es el idioma que se impone y muchos alumnos, mucho de ellos, hijos de 'charnegos', "se permiten saltarse el aprendizaje oral. Y eso explica que en la escuela se hable en catalán, pero en el patio, en castellano". (Gutiérrez, Maite. La Vanguardia - 26 de sep. 2013: "El origen de la inmersión lingüística en Cataluña").

Tras esto, llega un punto, en el que el castellano se empieza a perseguir y esto va unido al crecimiento sentimiento nacionalista e independentista desarrollado en la última década, sobre todo desde la llegada del tripartito a Cataluña, pero ahora potenciado aún más con el gobierno de CiU de Artur Mas. Esta persecución se atestigua con carteles que rezan: Al parti parlem en català que se han podido ver en algunos medios españoles los últimos días y que son colgados en las clases para imponer el catalán de forma obligatoria en un momento, de tanta libertad como lo es la hora del recreo.

¿A dónde lleva esto? Obviamente, a la división de Cataluña, una que quiere una región bilingüe tolerante y más racional con los tiempos que corren, en un mundo donde la globalización impera y el idioma anglosajón está tan extendido en detrimento de otras lenguas y a otra que quiere la independencia y que busca imponer su idioma por encima de todo, ya que lo identifica como un elemento diferenciador del resto de España, que es lo que el independentista busca sin pensar en razones lógicas y no queriendo respetar a los catalanes que quieren que sus hijos aprendan en castellano o que quieran seguir perteneciendo a España. Por lo que si el catalán es útil o no, es lo de menos, se trata de un arma más para el nacionalismo, un elemento diferenciador más que les acerca a su tan deseada independencia y que seguramente, pocos se han parado a pensar qué inconvenientes podría acarrear, porque ellos desde niños ya empiezan a ser adoctrinados, la televisión y radio catalana está al servicio del govern catalán. ¿Tiene sentido conservar el catalán? Por supuesto que sí. Es su cultura su lengua y cuando se la quitaron la hablaron en su vida privada, porque uno odia lo que le imponen por la fuerza ¿Tiene sentido imponerlo para dejar a un lado al castellano? No, porque, les guste o no, el castellano es uno de los idiomas más importante del mundo, el segundo más extendido del mundo y el tercer más hablado del mundo y debido al crecimiento demográfico de Sudamérica, a su crecimiento económico y al aprendizaje del idioma en el extranjero, el español superará al inglés en el año 2030 y al chino mandarín en el año 2045, según estudios académicos. ¿Por qué ningunear a un idioma con tanto futuro?

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