lunes, 16 de septiembre de 2013

Los verdaderos enemigos de España son los pasotas


Como la mayoría de los catalanes que nos sentimos españoles sigo estupefacto ante lo sucedido el pasado 11 de septiembre en Cataluña. Cientos de miles de separatistas salieron a la calle a unirse en una cadena que llegaba de Francia a Castellón para simbolizar que los residentes en Cataluña quieren masivamente la independencia de España. Obviamente, eso no es cierto como tampoco son ciertas las cifras que han dado los organismos oficiales de la Generalidad o de TV3, que viene a ser lo mismo.

No es cierto que la mayoría de catalanes quiera la independencia porque sistemáticamente votan en contra de ella. Además, los que conocemos a Cataluña desde sus entrañas sabemos que el nacionalismo tiene los mismos métodos de actuación que cualquier secta y que tiene una capacidad de convocatoria enorme porque sus seguidores se apuntan a todo.

Analicemos primero el carácter sectario del nacionalismo especialmente sus métodos. Por ejemplo, un método muy utilizado es el de la repetición de consignas sin razonarlas. En el artículo La manipulación semántica nacionalista explicaba cómo en sus inicios los nacionalistas repetían la consigna de que no se debía llamar a la lengua de Cervantes español, sino castellano porque todas las lenguas de España son españolas. Otro ejemplo clásico de repetición de consignas es cuando nos dicen que no se puede educar en castellano a los niños porque eso rompe la cohesión social. En realidad hay muchos más ejemplos de frases que se repiten hasta el hartazgo sin dar un sólo argumento, de tal manera que la mera repetición de esas sentencias las convierte en verdades incontestables.

Los separatistas están unidos con el cemento de su propio sectarismo. Una unión sólida que les da fuerzas y les ha hecho conseguir lo que no hace mucho tiempo parecía imposible. Y si los que queremos una España unida no despertamos pronto, la pesadilla se hará realidad. En mi opinión nuestros verdaderos enemigos no son los independentistas, si no la mayoría de españoles que se plantean esta situación con pasotismo y dicen esa famosa frase de pues si quieren irse que se vayan y nos dejen en paz. Cada vez que escucho esa frase me pongo enfermo. Me saca de quicio.

Las personas que dicen amar a España y que prefieren una España sin catalanes, ni son buenos españoles, ni son buenas personas. No son buenos españoles aunque lleven banderitas por todas partes porque España sin Cataluña no es España, y además no se dan cuenta de que la ruptura de España provocaría su propia desintegración. Desde la manifestación masiva del 11 de septiembre se están exaltando los sentimientos independentistas en Vascongadas, Galicia e incluso las Islas Canarias.

Esos chulitos que dicen eso de que se vayan de una vez tampoco son buenas personas, porque no se dan cuenta de lo difícil que es sentirse español en Cataluña. Las manifestaciones masivas tienen como finalidad amedrentar al enemigo. Y por desgracia nuestra gente está totalmente desalentada. Los que quieren ser españoles en Cataluña se sienten solos y despreciados, tienen miedo de lucir sus banderas españolas en sus balcones, porque el nacionalismo es por definición violento y rencoroso. Esos bravucones que prefieren una España sin catalanes son lo peor de España porque prefieren la opción cómoda y fácil de mirar a otro lado y de no luchar por esos compatriotas que lo están pasando mal al ver cómo se convierten en extranjeros en su propia tierra.

Si conoces a alguno de esos, por favor envíale un enlace a este artículo para que se entere de una vez por todas de que su actitud es despreciable. Y si alguien te ha enviado un enlace a este artículo por ese motivo déjame que te recuerde las palabras que Jesucristo le dirigió a aquel personaje tibio: “que porque no eres ni frío ni caliente estoy por vomitarte de mi boca”.

Los que dicen amar a España pero prefieren que Cataluña se independice son los verdaderos enemigos de España, ya que si en la España no catalana hubiese una actitud solidaria, se acabaría el problema en menos de un año.

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