sábado, 14 de septiembre de 2013

La Cataluña que necesita sentir a España.




 
El día de la Diada, en una entrevista a Xavier García Albiol, el alcalde de Badalona decía que para la defensa de España es el momento de apelar a los sentimientos y no sólo quedarse en un discurso teórico basado en la defensa de la legalidad. García Albiol ponía como ejemplo las celebraciones masivas que se daban en Cataluña cuando la selección española cosechaba algún éxito. El ejemplo lo justificaba por su vinculación al deporte pero si nos ponemos a pensar es casi el único caso posible en que se pueden expresar sentimientos de españolidad en Cataluña, ya que España y sus instituciones ya no son visibles en ningún otro ámbito de la vida de la región.

Me parece muy interesante la idea de que en el lenguaje político de quienes no somos nacionalistas debemos también apelar a los sentimientos y no solo centrarnos en argumentos meramente técnico-legalistas. Sus palabras me hicieron pensar porque yo siempre he sido partidario de utilizar argumentos muy racionales y basados en la lógica y la experiencia, ya que entre otras cosas, siempre he sido de la opinión que la realidad, la lógica y la historia están de nuestra parte (Un debate trampa: nacionalismo catalán contra nacionalismo español). Pero tras la cadena humana secesionista de la última diada me he dado cuenta que tener la ley, la lógica y la historia de nuestra parte sólo es una condición necesaria, que nos puede dar argumentos para ganar debates serios, ya sea en el parlamento, en los medios de comunicación o con nuestros familiares y amigos, pero no es una condición suficiente para ganar la batalla al nacionalismo.

El psiquiatra y escritor gaditano Carlos Castilla del Pino decía que “Los sentimientos son los instrumentos de que dispone el sujeto para estar interesado en los objetos que le rodean. Sin los sentimientos seríamos prácticamente muebles” y esa es una táctica más que ha estado usando el nacionalismo durante 30 años, nos ha desposeído de la posibilidad de expresar nuestros sentimientos por la nación española y nos ha convertido en “prácticamente muebles”, en lo que el resto de España llama la mayoría silenciosa y que no es nada más que una mayoría silenciada (Mayorías silenciosas, héroes silenciados)


El sentimiento español de los catalanes 

Cuando alguien a quien quieres no te corresponde con sus sentimientos se le deja de querer, y eso es lo que puede pasar en Cataluña. Muchos catalanes que con mayor o menor intensidad se sienten españoles, ante la falta de cariño del resto de España y la indiferencia de las instituciones de la nación empiezan a sentir desafección. En todas las encuestas que se hacen en Cataluña sobre los sentimientos de los catalanes en relación a Cataluña y España siempre hay una mayoría muy alta que en mayor o menor medida se sienten españoles, bien es verdad que la mayoría se declara más catalán que español, pero en cualquier caso también se sienten en alguna medida españoles. Si el único sentimiento que permitimos que aflore y que sea correspondido es el de sentirse sólo catalán, los nacionalistas lograrán que se apague nuestro otro sentimiento: el de ser español.

Por supuesto a ello también han contribuido todas las instituciones de la nación, no solo las instituciones catalanas. Se nos ha despojado de todo aquello que nos une al resto de españoles: de la policía nacional, del ejército, de la educación, de la cultura común, de nuestra historia común, de todos los símbolos que pueden ser comunes, como la bandera, las palabras y los nombres (España ya no es España, es solo “el estado”) y hasta del mapa del tiempo.

Siempre he estado más próximo a la configuración del estado y de la nación en su visión más liberal: la inspirada por la revolución francesa, la constitución americana y la constitución de Cádiz de 1812. Pero si siempre he defendido que debemos mirar a las realidades y no a los sueños, entonces debo admitir que la creación de las naciones modernas bebe no sólo de las fuentes liberales que inspiraron la nación francesa, la nación americana o la nación española en 1812, fundamentadas en el respeto a los derechos individuales de los ciudadanos, sus intereses económicos y personales y su voluntad de unidad de destino, sino también de la concepción de la nación romántica que inspiraron también a otras naciones como la alemana y la italiana y que tiene como base la tradición y los sentimientos.

En este contexto pienso, como Xavier García Albiol expuso la pasada noche del 11 de septiembre, que ha llegado la hora de añadir a nuestra razón histórica, legal, constitucional y económica el valor de los sentimientos: apelar a España, a lo que nos une, a nuestros valores, a nuestros logros como nación, apelar a nuestras aportaciones a la historia, a la cultura europea y mundial, a nuestros éxitos deportivos, a estar orgullosos de los logros de nuestros compatriotas de otras regiones y a compartirlos con ellos. A que podamos ver y usar cotidianamente, como en Francia, Estados unidos o Suecia nuestros símbolos sin miedo, a poder estudiar nuestra historia y la lengua que nos une sin sesgos ni prohibiciones. A que las instituciones de España vengan a Cataluña a hablarnos de España como nación, a hablarnos de los proyectos y nuevos retos nacionales y no sólo a balbucear palabras sobre encajes regionales y privilegios medievales a las castas locales. En definitiva, que los catalanes también tengamos libertad para poder vivir y expresarnos como españoles y esa es la responsabilidad de las instituciones de España.
 

Guillermo Brunet

 

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