lunes, 1 de abril de 2013

Mi Cataluña


En 1960 mi padre encontró trabajo en Barcelona. En aquel entonces había pocos profesionales en España y Barcelona era además una ciudad encantadora, yo tenía seis años. Barcelona, Cataluña era total y completamente española y aunque las clases más bajas hablan en catalán entre ellos nunca lo usaban para dirigirse a personas que estaban hablando en castellano, y digo "castellano" porque el catalán es también español, como también es francés por culpa de ellos. Yo consideré a Cataluña mi tierra y me sentía más a gusto en ella que en otras partes de España aunque siempre me seguí sientiendo en casa en Madrid. Me casé con una catalana que hablaba castellano con acento, era hija de un tintorero de Gracia y nieta de un republicano, aprendí a hablar el catalán y conocí a Sisa, Pau Riba, a Maria del Mar Bonet a Tereçi Moix y a otros muchos catalanes, me interesé mucho por la cultura de la región o país, el modernismo Gaudí, Josep Plá, el Ampurdán, Pau Casals, el Priorat etc. Llegué a amar aquella parte de España tan especial abierta al Mediterraneo y que parecía más suave, más dulce, más cosmopolíta y abierta que el resto España, hasta la Odisea traducida al catalán por Carles Riba me parecía más bella que la traducción al castellano por otro catalán ilustre, Luis Seglá y Estadella. Aplaudí emocionado a Tarradellas el 23 de octubre de 1977 cuando habló en la Plaza San Jaime, siempre lo había admirado y me sentía lleno de orgullo de tenerlo por presidente de la Generalidad como sentía respeto y agradecimiento a Adolfo Suarez, nunca imaginé lo que sucedería después.

Todo empezó a cambiar cuando alguien que no le llegaba ni a la suela del zapato a Tarradellas ocupa su lugar, al año de estar Pujol en la Generalidad empecé a sentirme a disgusto. Me di cuenta inmediatamente del juego nacionalista por parte de un oportunista con pocos escrúpulos y una gestión dudosa y deshonesta en Banca Catalana, a los nacionalistas no les importaba como tampoco les ha importado ahora los manejos de su hijo. En el 2003 dejé Cataluña definitivamente, asqueado y con el dolor que lleva hasta la muerte el que vive en el exilio si no puede volver a su tierra. Yo no solo no puedo vivir en una Cataluña llena de odio, de oportunismo, en una sociedad totalmente enferma y engañada por el constante lavado de cerebro, adoctrinada en un fascismo, separatismo y odio hacia el resto de España y el resto de los españoles, que es mil veces más intolerante y fascista que la Cataluña de los 60, no solo no puedo vivir allí, no puedo volver.

El niño de la foto soy yo con mi madre, lo que está detrás es Bellesguard, la casa de Gaudí donde viviamos.

Adrián Bellesguard

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada