lunes, 25 de marzo de 2013

¿Por qué España no se defiende del nacionalismo?



Cuando vemos los fracasos del estado autonómico nos hacemos muchas veces esta pregunta: ¿Por qué ante los desmanes de los nacionalistas y del estado de las autonomías no se ha intentado ni siquiera una pequeña reforma del sistema autonómico por ninguno de los gobiernos de España? Los gobernantes dan muchas respuestas, pero la más socorrida es que no se puede reformar el estado de las autonomías porque se necesita a los nacionalistas para hacerlo, ya sea porque no se dan las mayorías suficientes o ya sea porque los partidos nacionales consideran que una reforma de este tipo requiere del consenso de los nacionalistas. Pero esto es mentira. Los partidos nacionales, que representan a más del 80 % de los españoles no reforman el estado de las autonomías porque no quieren.

PP y PSOE no requieren de los nacionalistas para hacer la reforma, representan a la inmensa mayoría de los españoles, pero además no vale el argumento de que en esa reforma deben necesariamente que estar de acuerdo los nacionalistas, no es lógico que se puedan hacer cambios en contra de la opinión de la mayoría nacional de España (por ejemplo entregando competencias del estado a las autonomías) pero que en cambio no se pueda hacer una reforma que moleste a la minoría antiespañola.

El problema de PP y PSOE es que se sienten cómodos en esa estructura y esta es la razón por la que no quieren ni que se “plantee” ni se “discuta” el sistema. Pero yo defiendo nuestro derecho a que las cosas se planteen y se discutan; nadie, ni siquiera el gobierno tiene el derecho a decidir por nosotros qué cosas se pueden discutir o no.

En España existen muchas razones por las que al final se beneficia al nacionalismo, muchas son debidas a ciertos valores que están muy enraizados en nuestra cultura. Aquí menciono algunos:

El Clientelismo. En España estamos habituados al clientelismo, amiguismo y enchufismo, de modo que el sistema autonómico encaja perfectamente con esa manera de hacer las cosas. La generalización a toda España del sistema autonómico ha permitido el acceso al poder de los caciques locales. Estos han colocado a sus familiares y amigos en las administraciones autonómicas, han creado cargos y puestos remunerados para colocar a sus seguidores, donde antes había un director general, ahora hay 17. Acabar con el estado autonómico significaría que el acceso a un cargo público no dependería de un conocido, si no de un sistema más centralizado y menos subjetivo en donde los caciques locales tendrían menos poder para tomar estas decisiones. Acabar con este sistema no solo terminaría con los desmanes de Cataluña y el País Vasco, si no también con todo el clientelismo que los partidos nacionales han montado en el resto de las autonomías. A ellos tampoco les interesa.

La cobardía. Por desgracia en la España actual se ha instalado la pusilanimidad. Los españoles no están dispuestos a defender lo que es justo y bueno, o simplemente lo que les interesa, si ello conlleva esfuerzo. Se ha instalado la cultura de que mientras no nos toque directamente mejor aceptar la injusticia. Así, por ejemplo, en el resto de España no están de acuerdo en que no se pueda estudiar en español en la escuela pública catalana, pero como ese no es un problema que afecta a sus hijos no van a hacer nada, y se limitan a justificarlo con un -ellos tienen lo que han querido-. Esta actitud es la perfecta para los gobiernos cobardes ya que la dejación de responsabilidades ante la amenaza nacionalista queda sin castigo de su electorado. Se deja la responsabilidad a la región afectada y ya no es un problema nacional.

El agravio como argumento político. Siempre se ha dicho que el pecado capital de los españoles es la envidia, por supuesto yo no creo en la generalización, pero sí que creo que en todos los países existe y aquí también. Los gobiernos pusilánimes que lo que buscan es solo mantenerse en el poder deben canalizar los sentimientos de frustración y agravio colectivos que se dan en la sociedad. El sistema autonómico es perfecto. Ya sea por el agua, por la lengua, por el dinero que corresponde a cada uno, una carretera, un aeropuerto, sea por lo que sea, el gobierno puede justificar la toma de decisiones de política nacional ya que su partido puede estar de acuerdo y en desacuerdo a la vez cuando una decisión afecta a una determinada autonomía, sino recuérdese el plan hidrológico nacional; en Valencia y Murcia tanto PP como PSOE estaban de acuerdo, pero en Aragón ambos se mostraron en desacuerdo.

Los complejos. A pesar de los años sigue existiendo un complejo entre muchos españoles: tratar de evitar que te llamen franquista. Así pues, los españoles y sobretodo la derecha española tratan de huir de toda posible asimilación al franquismo. De esta manera quienes son de derechas se hacen llamar de centro, quienes son católicos rehúyen las iglesias y quienes se sienten españoles evitan plantearse o discutir sobre el sistema autonómico, aunque sepan que la centralización tiene muchas ventajas y dejaría en minorías residuales a los nacionalistas.

El colectivo por encima del individuoMuchos españoles aman los colectivos, sentirse parte de un grupo, ya sea su familia, grupo de amigos, peña futbolística, grupo fallero, partido político o asociación. Igualmente el haber nacido en un pueblo, comarca o región te distingue para bien o para mal. A uno le define el colectivo al que pertenece y no la persona individual que es. Así se defiende al colectivo en contra de los demás, es una obligación y necesidad ya que de eso depende la valoración que muchos españoles tienen de sí mismos, aunque no se tenga razón. El sistema autonómico ha provocado que este sentimiento se haya acentuado. A muchos les da igual si una información es cierta o no, o mejor dicho, solo dan por ciertas las informaciones que benefician a su colectivo y rechazan por sectarias las que lo perjudican. El nacionalismo catalán, como colectivo, sólo acepta noticias que avalen su "España nos roba", y el colectivo de los políticos españoles solo acepta informaciones que hablan de la normalidad de la convivencia en Cataluña, para justificar su inacción. No nos tratan como individuos, sólo les interesamos como peones de un grupo.

Desinterés cultural. En nuestro país se ha instalado un alarmante desinterés por saber y conocer. La mayoría de la gente acepta lo que se les dice sin realmente tener interés en saber más, o en saber si eso es cierto. Parece mentira cuánta gente piensa que Cataluña fue conquistada por España en algún momento de la historia, o que en Cataluña siempre ganan los nacionalistas en las elecciones. No les interesa saber la verdad y asumen directamente lo que los nacionalistas, estos sí muy interesados en hacerlo creer, les dicen.

En contra de estos anti-valores que benefician la instalación de los nacionalismos en el poder, está la opinión mayoritaria de los ciudadanos españoles que cuando se les pregunta individualmente y sin coacción en general piensan que este sistema falla y hay que reformarlo  o suprimirlo. En el caso de Cataluña, sigo pensando que la mayoría no es independentista y que aunque el resto de España no esté dispuesta a “mojarse” por esa mayoría, los catalanes podemos ganar esa batalla. Si al final quienes nos deben ayudar prefieren la comodidad y hacen dejación de sus responsabilidades, y lo que es peor, prefieren traicionar sus convicciones, entonces ganaremos igualmente, será más difícil, pero tampoco les deberemos nada.
 
Por Guillermo Brunet
 

1 comentario:

  1. Pienso exactamente igual que usted. Soy un Argentino amante de la historia. Solo difiero en las palabras de Einstein (algo normal por cierto, viniendo de un judío apátrida y sionista, defensor de la destrucción de pueblos, culturas e identidades). El nacionalismo a mi juicio no está mal, siempre y cuando se defienda la identidad, la unidad y el porvenir de tu nación. El problema es que ni Cataluña ni país vasco y sucesivos, son naciones. Por lo que no se debería llamar nacionalistas o independentistas a pueblos que jamás han sido naciones o colonias. Un saludo.

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