lunes, 21 de octubre de 2013

La inmersión lingüística en Cataluña


Uno de los lectores de este blog me ha pedido que le publique su visión sobre la inmersión lingüística en Cataluña. Él quiere permanecer en el anonimato. Ahí va:

Querido lector, le traigo un tema un tanto espinoso, un tanto delicado debido a las pasiones que levanta y más con la sombra de secesión que amenaza al país. Y aunque no tenga que ver mucho con Alemania, si tiene que ver con el futuro de España, que pasa por momentos delicados hoy en día y no me refiero solo económicamente. Se trata del catalán; y no del catalán en sí, como lengua, sino a su imposición progresiva en la vida pública de Cataluña y sobre todo en su imposición en las aulas.

La inmersión lingüística en Cataluña nació de una iniciativa popular de profesores y padres que deseaban que algunos centros se impartiera en catalán y surgió en los años 1980 en Barcelona y con la colaboración de partidos de izquierdas como el PSUC, que por entonces apoyaron la iniciativa. La idea fue tomando forma y el centro barcelonés de Roselló-Porcel se convertiría en el primer centro en impartir las clases en catalán desde el fin del franquismo y eso se produjo durante el curso 1983-1984. Por entonces, los institutos catalanes impartían las clases en castellano y había una asignatura extra para aprender catalán, por lo que el catalán no estaba excluido como lo era en tiempos del franquismo. La iniciativa fue apoyada posteriormente por partidos nacionalistas como CiU, en la que crecieron considerablemente los centros donde se impartía clases en catalán. Con el gobierno del tripartito, coalición formada por PSC, ERC e ICV supuso el apoyo total comenzando las escuelas e institutos de educación secundaria a impartir casi exclusivamente en castellano, salvo dos asignaturas: castellano y educación física, cosa que resulta risible. Así fue como el castellano quedó K.O. en la educación catalana, pasando a estar en un segundo plano.

Resulta comprensible, que una región, con un idioma propio, quiera fomentar su idioma. Se trata de sus orígenes, su cultura. Y la iniciativa ciudadana que buscaba que hubiera centros educativos que impartieran clases en catalán suponía algo hermoso y todo con el fin de proteger una lengua que tanto tiempo estuvo reprimida en los tiempos de Franco. Si eres español habla español era uno de los lemas de la dictadura, en los que trataba de acallar la riqueza de idiomas del conjunto de España, como el gallego, el euskera y el catalán. Y eso que Franco era gallego.

Ventajas y desventajas puede uno buscar en vano, el castellano es la segunda lengua más hablada del mundo, el catalán solo se habla en Cataluña y sus dialectos en Valencia y las Islas Baleares, estas últimas comienza a ser más importante el alemán casi que el dialecto mallorquín debido a la gran colonia de teutones que se asienta allí. El catalán no sirve para contratar socios comerciales en Manchester, Dijon o Düsseldorf. Pero sin embargo, queda un sentimiento de pertenencia a una cultura y una lengua, que elimina lo irracional y hace que quieras expresarte en tu lengua, porque es simplemente tu lengua.

Sin embargo, los tiempos de Franco ya pasaron, nadie prohíbe el catalán y todo el que quiera, en Cataluña lo puede expresar cuando quiera y como quiera, en el ámbito público. En los años posteriores a la transición a la democracia, cuando surgió la iniciativa ciudadana para la inmersión lingüistica en Cataluña estaba bien visto hablar y aprender el catalán; era un signo de identificación y de progreso social. Pero ahora el catalán es el idioma que se impone y muchos alumnos, mucho de ellos, hijos de 'charnegos', "se permiten saltarse el aprendizaje oral. Y eso explica que en la escuela se hable en catalán, pero en el patio, en castellano". (Gutiérrez, Maite. La Vanguardia - 26 de sep. 2013: "El origen de la inmersión lingüística en Cataluña").

Tras esto, llega un punto, en el que el castellano se empieza a perseguir y esto va unido al crecimiento sentimiento nacionalista e independentista desarrollado en la última década, sobre todo desde la llegada del tripartito a Cataluña, pero ahora potenciado aún más con el gobierno de CiU de Artur Mas. Esta persecución se atestigua con carteles que rezan: Al parti parlem en català que se han podido ver en algunos medios españoles los últimos días y que son colgados en las clases para imponer el catalán de forma obligatoria en un momento, de tanta libertad como lo es la hora del recreo.

¿A dónde lleva esto? Obviamente, a la división de Cataluña, una que quiere una región bilingüe tolerante y más racional con los tiempos que corren, en un mundo donde la globalización impera y el idioma anglosajón está tan extendido en detrimento de otras lenguas y a otra que quiere la independencia y que busca imponer su idioma por encima de todo, ya que lo identifica como un elemento diferenciador del resto de España, que es lo que el independentista busca sin pensar en razones lógicas y no queriendo respetar a los catalanes que quieren que sus hijos aprendan en castellano o que quieran seguir perteneciendo a España. Por lo que si el catalán es útil o no, es lo de menos, se trata de un arma más para el nacionalismo, un elemento diferenciador más que les acerca a su tan deseada independencia y que seguramente, pocos se han parado a pensar qué inconvenientes podría acarrear, porque ellos desde niños ya empiezan a ser adoctrinados, la televisión y radio catalana está al servicio del govern catalán. ¿Tiene sentido conservar el catalán? Por supuesto que sí. Es su cultura su lengua y cuando se la quitaron la hablaron en su vida privada, porque uno odia lo que le imponen por la fuerza ¿Tiene sentido imponerlo para dejar a un lado al castellano? No, porque, les guste o no, el castellano es uno de los idiomas más importante del mundo, el segundo más extendido del mundo y el tercer más hablado del mundo y debido al crecimiento demográfico de Sudamérica, a su crecimiento económico y al aprendizaje del idioma en el extranjero, el español superará al inglés en el año 2030 y al chino mandarín en el año 2045, según estudios académicos. ¿Por qué ningunear a un idioma con tanto futuro?

domingo, 29 de septiembre de 2013

Vergonzosa complicidad de RTVE en la difusión de las mentiras del nacionalismo al hablar de la corona catalano-aragonesa

Parece que Televisión Española está empeñada en difundir las mentiras del nacionalismo catalán. Digo esto porque recientemente la periodista Sandra Sangermán decía lo siguiente en el Telediario:
La torre Bellesguard se levanta sobre las ruinas del palacio de Martín el Humano, último rey de la corona catalano-aragonesa
Me parece gravísimo que la televisión pública española propague las mentiras del nacionalismo. Es especialmente grave que lo haga la TVE, porque su única razón de existir es la de fomentar la cultura, de otra manera no tiene sentido que esta entidad esté perdiendo dinero del erario público, especialmente en estos momentos de crisis.

Pero lo que lo hace todavía más grave es que no es la primera vez que esto sucede. A principios de 2011, sucedió lo mismo. Por aquel entonces un ciudadano de Zaragoza, Miguel Cortés, se armó de valor y expresó su queja ante TVE lo que frozó al editor del telediario, Esteve Crespo, a pedir disculpas.

LLueve sobre mojado. La televisión pública española que tanto dinero cuesta al contribuyente no puede bajo ningún concepto difundir mentiras fácilmente comprobables sin pagar por ello un precio, por eso te pido que difundas este artículo en las redes sociales para forzar a Televisión Española a rectificar y a garantizar que no se vuelve a repetir este error.

A continuación podrás ver dos vídeos. En el primero vemos la vergonzosa crónica de Sandra Sangermán. En el segundo vemos la valiente intervención de Miguel Cortés, el maño que logró que RTVE rectificase.



lunes, 16 de septiembre de 2013

Los verdaderos enemigos de España son los pasotas


Como la mayoría de los catalanes que nos sentimos españoles sigo estupefacto ante lo sucedido el pasado 11 de septiembre en Cataluña. Cientos de miles de separatistas salieron a la calle a unirse en una cadena que llegaba de Francia a Castellón para simbolizar que los residentes en Cataluña quieren masivamente la independencia de España. Obviamente, eso no es cierto como tampoco son ciertas las cifras que han dado los organismos oficiales de la Generalidad o de TV3, que viene a ser lo mismo.

No es cierto que la mayoría de catalanes quiera la independencia porque sistemáticamente votan en contra de ella. Además, los que conocemos a Cataluña desde sus entrañas sabemos que el nacionalismo tiene los mismos métodos de actuación que cualquier secta y que tiene una capacidad de convocatoria enorme porque sus seguidores se apuntan a todo.

Analicemos primero el carácter sectario del nacionalismo especialmente sus métodos. Por ejemplo, un método muy utilizado es el de la repetición de consignas sin razonarlas. En el artículo La manipulación semántica nacionalista explicaba cómo en sus inicios los nacionalistas repetían la consigna de que no se debía llamar a la lengua de Cervantes español, sino castellano porque todas las lenguas de España son españolas. Otro ejemplo clásico de repetición de consignas es cuando nos dicen que no se puede educar en castellano a los niños porque eso rompe la cohesión social. En realidad hay muchos más ejemplos de frases que se repiten hasta el hartazgo sin dar un sólo argumento, de tal manera que la mera repetición de esas sentencias las convierte en verdades incontestables.

Los separatistas están unidos con el cemento de su propio sectarismo. Una unión sólida que les da fuerzas y les ha hecho conseguir lo que no hace mucho tiempo parecía imposible. Y si los que queremos una España unida no despertamos pronto, la pesadilla se hará realidad. En mi opinión nuestros verdaderos enemigos no son los independentistas, si no la mayoría de españoles que se plantean esta situación con pasotismo y dicen esa famosa frase de pues si quieren irse que se vayan y nos dejen en paz. Cada vez que escucho esa frase me pongo enfermo. Me saca de quicio.

Las personas que dicen amar a España y que prefieren una España sin catalanes, ni son buenos españoles, ni son buenas personas. No son buenos españoles aunque lleven banderitas por todas partes porque España sin Cataluña no es España, y además no se dan cuenta de que la ruptura de España provocaría su propia desintegración. Desde la manifestación masiva del 11 de septiembre se están exaltando los sentimientos independentistas en Vascongadas, Galicia e incluso las Islas Canarias.

Esos chulitos que dicen eso de que se vayan de una vez tampoco son buenas personas, porque no se dan cuenta de lo difícil que es sentirse español en Cataluña. Las manifestaciones masivas tienen como finalidad amedrentar al enemigo. Y por desgracia nuestra gente está totalmente desalentada. Los que quieren ser españoles en Cataluña se sienten solos y despreciados, tienen miedo de lucir sus banderas españolas en sus balcones, porque el nacionalismo es por definición violento y rencoroso. Esos bravucones que prefieren una España sin catalanes son lo peor de España porque prefieren la opción cómoda y fácil de mirar a otro lado y de no luchar por esos compatriotas que lo están pasando mal al ver cómo se convierten en extranjeros en su propia tierra.

Si conoces a alguno de esos, por favor envíale un enlace a este artículo para que se entere de una vez por todas de que su actitud es despreciable. Y si alguien te ha enviado un enlace a este artículo por ese motivo déjame que te recuerde las palabras que Jesucristo le dirigió a aquel personaje tibio: “que porque no eres ni frío ni caliente estoy por vomitarte de mi boca”.

Los que dicen amar a España pero prefieren que Cataluña se independice son los verdaderos enemigos de España, ya que si en la España no catalana hubiese una actitud solidaria, se acabaría el problema en menos de un año.

sábado, 14 de septiembre de 2013

La Cataluña que necesita sentir a España.




 
El día de la Diada, en una entrevista a Xavier García Albiol, el alcalde de Badalona decía que para la defensa de España es el momento de apelar a los sentimientos y no sólo quedarse en un discurso teórico basado en la defensa de la legalidad. García Albiol ponía como ejemplo las celebraciones masivas que se daban en Cataluña cuando la selección española cosechaba algún éxito. El ejemplo lo justificaba por su vinculación al deporte pero si nos ponemos a pensar es casi el único caso posible en que se pueden expresar sentimientos de españolidad en Cataluña, ya que España y sus instituciones ya no son visibles en ningún otro ámbito de la vida de la región.

Me parece muy interesante la idea de que en el lenguaje político de quienes no somos nacionalistas debemos también apelar a los sentimientos y no solo centrarnos en argumentos meramente técnico-legalistas. Sus palabras me hicieron pensar porque yo siempre he sido partidario de utilizar argumentos muy racionales y basados en la lógica y la experiencia, ya que entre otras cosas, siempre he sido de la opinión que la realidad, la lógica y la historia están de nuestra parte (Un debate trampa: nacionalismo catalán contra nacionalismo español). Pero tras la cadena humana secesionista de la última diada me he dado cuenta que tener la ley, la lógica y la historia de nuestra parte sólo es una condición necesaria, que nos puede dar argumentos para ganar debates serios, ya sea en el parlamento, en los medios de comunicación o con nuestros familiares y amigos, pero no es una condición suficiente para ganar la batalla al nacionalismo.

El psiquiatra y escritor gaditano Carlos Castilla del Pino decía que “Los sentimientos son los instrumentos de que dispone el sujeto para estar interesado en los objetos que le rodean. Sin los sentimientos seríamos prácticamente muebles” y esa es una táctica más que ha estado usando el nacionalismo durante 30 años, nos ha desposeído de la posibilidad de expresar nuestros sentimientos por la nación española y nos ha convertido en “prácticamente muebles”, en lo que el resto de España llama la mayoría silenciosa y que no es nada más que una mayoría silenciada (Mayorías silenciosas, héroes silenciados)


El sentimiento español de los catalanes 

Cuando alguien a quien quieres no te corresponde con sus sentimientos se le deja de querer, y eso es lo que puede pasar en Cataluña. Muchos catalanes que con mayor o menor intensidad se sienten españoles, ante la falta de cariño del resto de España y la indiferencia de las instituciones de la nación empiezan a sentir desafección. En todas las encuestas que se hacen en Cataluña sobre los sentimientos de los catalanes en relación a Cataluña y España siempre hay una mayoría muy alta que en mayor o menor medida se sienten españoles, bien es verdad que la mayoría se declara más catalán que español, pero en cualquier caso también se sienten en alguna medida españoles. Si el único sentimiento que permitimos que aflore y que sea correspondido es el de sentirse sólo catalán, los nacionalistas lograrán que se apague nuestro otro sentimiento: el de ser español.

Por supuesto a ello también han contribuido todas las instituciones de la nación, no solo las instituciones catalanas. Se nos ha despojado de todo aquello que nos une al resto de españoles: de la policía nacional, del ejército, de la educación, de la cultura común, de nuestra historia común, de todos los símbolos que pueden ser comunes, como la bandera, las palabras y los nombres (España ya no es España, es solo “el estado”) y hasta del mapa del tiempo.

Siempre he estado más próximo a la configuración del estado y de la nación en su visión más liberal: la inspirada por la revolución francesa, la constitución americana y la constitución de Cádiz de 1812. Pero si siempre he defendido que debemos mirar a las realidades y no a los sueños, entonces debo admitir que la creación de las naciones modernas bebe no sólo de las fuentes liberales que inspiraron la nación francesa, la nación americana o la nación española en 1812, fundamentadas en el respeto a los derechos individuales de los ciudadanos, sus intereses económicos y personales y su voluntad de unidad de destino, sino también de la concepción de la nación romántica que inspiraron también a otras naciones como la alemana y la italiana y que tiene como base la tradición y los sentimientos.

En este contexto pienso, como Xavier García Albiol expuso la pasada noche del 11 de septiembre, que ha llegado la hora de añadir a nuestra razón histórica, legal, constitucional y económica el valor de los sentimientos: apelar a España, a lo que nos une, a nuestros valores, a nuestros logros como nación, apelar a nuestras aportaciones a la historia, a la cultura europea y mundial, a nuestros éxitos deportivos, a estar orgullosos de los logros de nuestros compatriotas de otras regiones y a compartirlos con ellos. A que podamos ver y usar cotidianamente, como en Francia, Estados unidos o Suecia nuestros símbolos sin miedo, a poder estudiar nuestra historia y la lengua que nos une sin sesgos ni prohibiciones. A que las instituciones de España vengan a Cataluña a hablarnos de España como nación, a hablarnos de los proyectos y nuevos retos nacionales y no sólo a balbucear palabras sobre encajes regionales y privilegios medievales a las castas locales. En definitiva, que los catalanes también tengamos libertad para poder vivir y expresarnos como españoles y esa es la responsabilidad de las instituciones de España.
 

Guillermo Brunet

 

lunes, 9 de septiembre de 2013

Dyango cantando "Suspiros de España"



Recientemente el cantante Dyango se ha mostrado partidario de la independencia de Cataluña. Supongo que le hubiese gustado borrar de nuestra memoria esta versión de la preciosa canción "Suspiros de España", pero para eso estamos nosotros, para recordar verdades incómodas :-)

La verdad sobre Rafael de Casanova contada por su familia

miércoles, 28 de agosto de 2013

La incapacidad de razonar de un nacionalista


Cuando se acerca la fecha del 11 de septiembre, los nacionalistas se ponen muy nerviosos. Es una época en la que aumentan los emails que recibo cargados de odio llamándome fascista, facha, enemigo de Cataluña y españolito de mierda. Este último está muy de moda. A modo de ejemplo comparto aquí el último mensaje que he recibido de una chica llamada Meritxell:

QUANTA IGNORANCIA JUNTA D'ESPANYOLS RETROGRADS, LA MEVA FILLA VA A UNA ESCOLA CATALANA I PARLA PERFECTAMENT EL CASTELLA I AMB ALUMNES DE PARES SUDAMERICANS, ENCANTATS DE L'IDIOMA. GRACIES A IGNORANTS TENIM MES ARGUMENTS PER LA INDEPENCIA EL 2014.............y si no me entendeis culturizaos.

Meritxell nos llama españoles retrógrados porque no pensamos como ella. El nacionalismo nos quiere sumisos y por eso nos insulta para que no nos salgamos de sus directrices. La descalificación al disidente es un arma muy poderosa, pero sólo funciona si hay un grupo grande de personas dispuestas a secundar a quien insulta. También es importante que un grupo todavía más grande de gente mire hacia otro lado y se comporten como si no pasara nada. En Cataluña se dan las dos características, por eso Meritxell cree que está haciendo lo correcto cuando nos falta al respeto. Es probable que Meritxell sea una persona decente y educada, pero su fanatismo le hace perder los estribos cuando se toca la tecla del nacionalismo. El mecanismo es similar al que le sucede al protagonista de la película “Regreso al futuro” cuando le llaman gallina.

Meritxell empieza haciendo referencia a la supuesta ignorancia reflejada en este blog. Casi todos los mensajes de odio que recibo me acusan de ignorante, sin embargo jamás explican por qué. Por ejemplo, yo puedo decir que Meritxell es un poco ignorante porque las pocas palabras que ha escrito en español están mal escritas. No se escribe “entendeis” sino “entendéis”, con acento. Las personas racionales sólo lanzan acusaciones con argumentos y ejemplos. ¿Os imagináis a un fiscal acusando a un reo de asesinato sin presentar pruebas? sería absurdo. Pero el nacionalismo nos acusa de ignorantes e inclutos de forma sistemática y sin argumentación porque se trata de una descalificación aprendida basada en una creencia y no en una idea.

Ortega y Gasset decía que hay dos formas de pensar: Las ideas y las creencias. Las ideas pertenecen al conocimiento demostrable, se discuten y razonan, mientras que las creencias vivimos con ellas, pero no son discutibles. Decía Ortega que “las ideas se tienen, en las creencias se está”. Vivir en las creencias es cómodo, pero en las ideas es una lucha constante. Un claro ejemplo de creencia es la fuerza de la gravedad ya que vivimos con el convencimiento de que cuando nos levantamos de la silla no vamos a salir flotando, ni se nos pasa por la cabeza. La fuerza de la gravedad que nos atrae a la tierra es algo que ni siquiera nos planteamos en el día a día. ¿Qué le diríais a alguien que afirma tener miedo de salir flotando a la estratosfera si se levanta de la silla? Probablemente pensarías que es un ignorante o un loco.

Todo nacionalismo basa sus premisas fundamentales en creencias no demostrables. Hitler creía en la superioridad de la raza aria. El nacionalismo catalán cree que la lengua propia de Cataluña es el catalán. Ambas creencias son absurdas. Ni la raza aria es superior, ni la lengua catalana es propia de un territorio, ya que las piedras no hablan. Pero como son creencias y no son ideas, el nacionalista no se ve en la necesidad de justificar sus premisas. Es más, cualquier persona que opine de forma distinta es un ignorante. Por ahora sólo hemos explicado por qué el nacionalismo es irracional, porque se basa en creencias y no en ideas, pero ¿De dónde viene el carácter autoritario del nacionalismo?

Otra de las premisas básicas de todo nacionalismo es la creencia de que si no se aplica la fuerza el grupo básico de ese nacionalismo desaparecerá. Por ejemplo, Hitler creía que si no exterminaba a la raza judía, ésta terminaría degradando a la raza aria porque acabarían mezclándose. El nacionalismo catalán cree que si no impone la lengua catalana, el español terminará implantándose y la lengua catalana desaparecerá de Cataluña. Ambas creencias son absurdas, pero ya hemos visto que la lógica es enemiga del nacionalismo. Por otra parte, el miedo es el mejor arma de todo autoritarismo. Por ejemplo, Franco convenció a la sociedad española de que si él no era el jefe de Estado de España, volvería a haber una guerra civil. Gracias a la difusión de ese miedo la sociedad española prefirió durante mucho tiempo lo malo conocido a lo bueno por conocer. Miedo y totalitarismo son las dos caras de una misma moneda.

Meritxell es la típica nacionalista que no razona porque cree, que insulta porque tiene miedo y ese miedo le hace ser autoritaria. Meritxell nos odia porque no nos sometemos y eso en sí mismo representa una amenaza a esa Cataluña soñada en la que quiere vivir y jamás vivirá.

viernes, 21 de junio de 2013

La blandenguería disfrazada de tolerancia


Decía Albert Camus que “todas las desgracias del hombre provienen de no hablar claro”. Yo añadiría que las desgracias provienen de no hablar claro por falta de coraje. Desafortunadamente, ése es el mal de España: La blandenguería, … es una epidemia.

Albert Camus, que es un referente intelectual para cualquier rebelde, decía que “aquellos que carecen de coraje siempre encontrarán una filosofía que lo justifique”. La filosofía de los blanditos es la tolerancia. Y antes de adentrarme en el tema quiero aclarar que estoy totalmente de acuerdo con ser tolerante con grupos étnicos, religiosos o simplemente distintos. El problema viene cuando llevamos la tolerancia al extremo, es decir cuando estiramos las fronteras de la tolerancia y aceptamos comportamientos y actitudes que no deberían ser jamás consentidos. El ejemplo más flagrante es el comportamiento de la sociedad española con la banda terrorista ETA.

La banda terrorista ETA ha estado matando desde 1961 con la única intención de destruir España. De forma especial ha arremetido contra militares y guardias civiles sólo porque son símbolos de España. En vez de recibir la comprensión y empatía que recibirían en una sociedad normal, los muertos salían por las puertas traseras de las iglesias en Vascongadas para no ofender a los nacionalistas. Es decir que morían los defensores de España a manos de una banda de asesinos nacionalistas y sin embargo se ha tratado al nacionalismo como si fuera una ideología más. La mayoría de los españoles pensaban que había que ser tolerantes, se defendía al PNV a la vez que se condenaban los asesinatos, obviando el vínculo ideológico que los unía. Y eso a pesar de que un buen número de nacionalistas llegaron a celebrar con champán el asesinato de Melitón Manzanas o de Carrero Blanco.

El nacionalismo no es una ideología respetable. Es una ideología atroz, que justifica el asesinato si ayuda a conseguir los objetivos políticos. Es cierto que el PNV no estaba de acuerdo con los asesinatos de ETA, pero no se debe a cuestiones humanitarias. Ya que nunca mostraron la más mínima humanidad con las familias de las víctimas. Era una cuestion práctica, ya que consideraban que era más eficaz no usar armas de fuego para conseguir la independencia. Xabier Arzalluz llegó a afirmar que “No creemos que sea bueno para Euskal Herria que ETA sea derrotada”. Con eso quería decir que había que tratar a los asesinos como si sólo fueran personas equivocadas. Lo peor de todo es que muchas personas asentían incluso fuera de Vascongadas. …. La blandenguería disfrazada de tolerancia.

Otro de los ejemplos de esa blandenguería lo tenemos en el sistema educativo catalán que sigue sin garantizar la educación bilingüe a pesar de las repetidas sentencias de los altos tribunales. En un país como en EEUU se llenarían los buzones de correo electrónico de los diputados y senadores exigiéndoles que cumplan con su deber de defender a todos los españoles en sus derechos fundamentales, incluso si no son mayoría en la región en la que viven. Pero el español blandito prefiere ver la televisión y decir que ese es un problema de los catalanes, que hagan lo que quieran al fin de cuentas los partidos nacionalistas han sido elegidos democráticamente y por lo tanto hay que ser tolerantes con su intolerancia.

Esa blandenguería la plasmó el psiquiatra Enrique Rojas en su conocido libro “El hombre light”, donde nos describe al nuevo español, que carece de valores “un hombre infeliz e inseguro, vulnerable e indiferente por saturación, que ha hecho de la permisividad su nuevo código ético y que va desde la tolerancia ilimitada a la revolución sin finalidad”.

España se está pudriendo porque nadie quiere defenderla. Los catalanes que nos sentimos españoles llevamos décadas viendo cómo millones de hombres light votan a partidos políticos que pactan con los nacionalistas para quitarnos derechos y para destruir lo que nos une a todos: España. Por suerte todo el coraje que les falta a la mayoría de los españoles, lo tenemos nosotros y lucharemos porque estamos hechos de una pasta especial. Porque no somos blanditos ;-)

sábado, 1 de junio de 2013

Un debate trampa: nacionalismo catalán contra nacionalismo español (I)


 
 
Un equívoco malintencionado falsea muchos debates sobre el nacionalismo catalán: La ideología nacionalista da por sobreentendido que la defensa de la unidad de España es también una ideología nacionalista, y a esto se añade que quienes no son nacionalistas se han sometido a esa visión errónea de sí mismos. Los nacionalistas, adoctrinados en su ideología, no pueden entender otra forma de discusión intelectual que la que han aprendido y creen que todas las doctrinas que les critican copian la suya, limitándose a reflejar como si fuera un espejo la versión inversa de su misma sinrazón, y así creen que quienes atacan al nacionalismo catalán no pueden ser más que nacionalistas también, pero de una nación enemiga, en este caso la española.
Así vemos a diario como cualquier crítica al nacionalismo siempre es respondida de la misma manera: “¡Pero España no lo resuelve todo, el problema de Cataluña no está resuelto!” y lo más exasperante es que siempre el interpelado reconoce que es así y matiza su crítica al nacionalismo admitiendo la necesidad de enmendar o corregir a la nación española, buscando alguna solución (más autonomía, federalismo asimétrico, confederación ibérica…) que siempre supone el debilitamiento de España y la cesión al nacionalismo.
Y yo digo: ¡Pero quién ha dicho que España lo resuelve todo! Quienes defendemos la unidad (que no uniformidad) de España, al menos quienes la defendemos desde un punto de vista de las libertades individuales, en ningún momento estamos diciendo que España es la utopía que garantiza la resolución de todos los problemas, sólo estamos defendiendo que si analizamos la realidad en vez de los deseos el mantenimiento de la nación española es la mejor forma para el progreso de sus ciudadanos y entre ellos, por supuesto, los catalanes.
El problema radica en que quienes han sido adoctrinados por el nacionalismo defienden una ideología y su discurso está en el plano de los deseos. Según estos parámetros, los nacionalistas están luchando por crear una nación anhelada pero irreal: una nación catalana que se diferenciaría de la nación española en que sus súbditos serían eternamente felices, porque podrán hablar en exclusiva su lengua; podrán crear una sociedad en donde todos sus pobladores disfrutarán de sus ancestrales tradiciones, sin contaminación exterior,  y nadarán en la abundancia, gracias a que Madrid ya no les robará más, Cristóbal Colón sería catalán, y además, no lo olvidemos, se vivirían más años. En definitiva el nacionalismo catalán defiende una fantasía acorde con los sentimientos inculcados a sus seguidores, y a través de sus medios de adoctrinamiento ha impuesto a sus defensores una estructura discursiva muy rígida que hábilmente siempre lleva todos los debates al ámbito de los sueños y deseos y evita la realidad.
Muchos siguen soñando con que el comunismo, por ejemplo, nos lleve a una sociedad justa y de hombres libres e iguales, pero desgraciadamente sabemos que la realidad en los muchos países en los que ha triunfado no ha sido esa, si no la contraria. También muchos desean que un estado confesional nos lleve a una sociedad feliz y eterna, pero también ha habido muchos casos en la historia y los hay en la actualidad en los que se ha demostrado que la realidad es cruel y despiadada. Igualmente el nacionalismo vende un estado idílico y soñado, en donde los nacionales de ese país gozarían de una riqueza, longevidad y plenitud moral y espiritual que sería la envidia de sus vecinos, pero también en este caso la realidad nos ha dado multitud de ejemplos en donde los sueños fueron de hecho auténticas pesadillas. ¿Quién no va a estar de acuerdo en una Cataluña más rica y justa, más libre y próspera? La cuestión no es esa; la cuestión es que la experiencia nos ha mostrado que el nacionalismo no nos lleva a eso si no a lo contrario y que, por lo tanto, la vía no es esa.
Quienes somos antinacionalistas nunca hemos dicho que una nación dé la felicidad. En el caso concreto de España, lo que decimos es que defender la unidad de España es la fórmula que mejor garantiza el desarrollo y progreso de los ciudadanos españoles. No hacemos de la nación una ideología, simplemente defendemos que la política es útil sólo si es posible y que lo mejor para progresar es mantenernos unidos y aprovechar el talento de todos nuestros ciudadanos, sin trabas ni imposiciones de ningún tipo. La experiencia nos ha demostrado innumerables veces como el nacionalismo ideológico nos ha llevado a la pobreza, la corrupción, la guerra, el racismo y la segregación. Las sociedades libres e integradoras como las europeas y las norteamericanas en cambio son las que más han progresado en toda la historia de la humanidad y ahí es donde tiene que estar España.
Si analizamos los hechos en vez de las aspiraciones nos damos cuenta que el independentismo y el nacionalismo son un error y en el caso de España además una invención: tenemos una historia común, una geografía común, una lengua común que nos abre las puertas de muchos otros países del mundo, personas de diferentes regiones de España que viven en Cataluña que tienen hijos catalanes, empresarios catalanes que venden sus productos al resto de España, un sistema de previsión social, una defensa y seguridad garantizados por millones de españoles y muchos intereses comunes. El balance es claramente positivo.
El error es aceptar discutir en el plano del adoctrinamiento y la ideología, porque nadie puede discutir sobre los deseos y sueños de otros. Los nacionalistas en los debates contraponen sus sueños a los sueños que ellos piensan que tenemos los demás. Contraponen su Cataluña utópica a lo que piensan que defendería un nacionalista español, esto es, su España ideal, incompatible y por tanto enemiga de Cataluña. Y la gran mayoría de las veces caemos en esa trampa porque los nacionalistas no quieren desenvolverse en otro plano dialéctico que no sea el del ensueño. Pero los nacionalistas son ellos, no nosotros; son ellos quienes son ideológicamente nacionalistas, nosotros no: no defendemos una nación española idealizada porque simplemente es imposible, como tampoco es posible una nación catalana imaginaria. Nuestra vía es mucho más simple y lógica: observar y estudiar los países de mayor progreso, justicia, desarrollo y libertad, y la conclusión es que la solución no está en inventarse otra nación o en fundamentarlo todo en la nación, ese no es el problema, es suficiente con la nación que ya tenemos, la española. La solución está en confiar en el talento y en la libertad de los ciudadanos, en la regeneración política, moral e institucional y en el análisis de la realidad, en vez de la imposición ideológica.
 
Guillermo Brunet
 
  

miércoles, 22 de mayo de 2013

La única cosa necesaria para que triunfe la independencia es que quienes no la quieren no hagan nada




 

Las últimas encuestas de opinión son prácticamente unánimes en una conclusión: los ciudadanos muestran su cansancio respecto al actual sistema de partidos, instituciones y autonomías y reclaman reformas profundas en la acción política que se pueden resumir en:
- Regeneración de la política, con cambios en la organización de los partidos, haciéndolos democráticos en su funcionamiento interno y permitiendo una mayor participación de afiliados y simpatizantes.
- Regeneración institucional que incluye tener un poder judicial independiente, acabar con la corrupción generalizada, simplificar las instituciones, suprimir organismos no rentables y cargos políticos costosos e inútiles, reorganizar competencias y redefinir el estado autonómico.
El sistema actual ha permitido que las instituciones y partidos funcionen como una enorme organización con la finalidad de perpetuar a una clase política; ya sea como gobierno o como oposición, ya sea en el gobierno central o en las comunidades autónomas. Este sistema se ha podido mantener gracias a que la tarta a repartir se iba haciendo cada año más grande, por lo que si bien el aparato del estado y especialmente las autonomías iban absorbiendo una gran cantidad de dinero, existían recursos suficientes para repartir entre todos, y así funcionaba el triste juego de la picaresca española tan magistralmente descrito en el pasaje del Lazarillo de Tormes en el que el Lazarillo callaba cuando el ciego se comía las uvas de tres en tres porque él se las estaba comiendo de dos en dos.  

En vez de reformas se ha optado por mantener el sistema actual o romperlo
Con la llegada de la crisis la tarta se ha hecho más pequeña, o el racimo tiene menos uvas, y la clase política ha querido seguir comiendo el mismo trozo de tarta y  las uvas de tres en tres, y como son ellos quienes parten y reparten han mantenido sus porciones reduciendo las de los contribuyentes. La reacción de los partidos políticos no ha sido la que mayoritariamente piden los ciudadanos: reformas y regeneración. Se han decidido o bien por dejar las cosas como están con la esperanza de que pasara la crisis pronto o bien por la ruptura revolucionaria izquierdista o la ruptura nacionalista. 
El modelo de la ruptura es al que se han unido los nacionalistas. El modelo tradicional ya no les es útil y se han decidido por romper con España y buscar el camino de la secesión, con la esperanza que si son ellos quienes cogen el cuchillo puedan quedarse con la tarta entera.
Hace un año escribí en este blog un artículo “El nacionalismo tiene prisa” en el que básicamente concluía que el nacionalismo se había decidido por la estrategia de la vía extremista de la secesión por dos razones:
1)     Su estrategia de tensar poco a poco la cuerda tiene un límite, las cuerdas no son infinitamente flexibles, al final se rompen, y se había llegado a ese punto. Ya no se podía avanzar más si no era rompiendo la cuerda y eso implicaba la secesión.

2)     Pero también porque en España los ciudadanos ya no estaban dispuestos a seguir financiando al nacionalismo, la crisis había reducido la tarta y no tenía sentido gastar en embajadas, siete televisiones, consejos comarcales o en la construcción nacional catalana, teniendo necesidades de mayor importancia. Esto provocaba que los nacionalistas tuvieran urgencia en separarse antes que los ciudadanos les redujesen su porción de la tarta.
 

Desánimo y urgencia entre los nacionalistas
Pero lo que ha ocurrido es que esa estrategia ha añadido una tercera dificultad que ha desencadenado un cambio muy importante en el ánimo del nacionalismo: los ciudadanos han empezado a enfrentarse al nacionalismo de manera clara, sin miedo y han empezado a esgrimir la lógica frente al pensamiento único que durante estos 30 años se había impuesto. El político liberal británico Edmund Burke decía que “la única cosa necesaria para que triunfe el mal es que la gente buena no haga nada”, y así es como ha ido avanzando el nacionalismo, los ciudadanos que tenían la razón y la lógica han permanecido callados mucho tiempo, y al final lo único que era necesario es que hablasen.
Como consecuencia de no callar, el ánimo del nacionalismo está flaqueando, ya no es tan fácil imponer, ya no está tan claro que la sociedad les va a seguir sin atreverse a decir nada porque esa sociedad les ha empezado a discutir su sinrazón y su falta de lógica. Ya no es tan fácil porque los ciudadanos ven la realidad española de Cataluña que el nacionalismo había logrado evitar hasta ahora, sólo hacía falta mostrarla, hacer algo,  y eso es una de las cosas que también es necesaria en una regeneración global de España y que puede ser una consecuencia positiva de esta crisis.

Guillermo Brunet
 

miércoles, 1 de mayo de 2013

¿Pero quién no habla bien de España?


 
El Presidente del Gobierno Mariano Rajoy pidió a los empresarios el pasado 29 de abril en su intervención ante la asamblea del Instituto de Empresa Familiar que “hablen bien de España” para atraer inversiones del exterior.

Diplocat, la entidad pública de la Generalidad de Cataluña que hace labores diplomáticas usando el dinero público para usurpar y de paso duplicar competencias exclusivas de la administración central, publicó un documento en inglés en el que se traslada al mundo una imagen de España caótica, injusta, intolerante y recentralizadora.

España antidemocrática e intolerante

Según el documento de Diplocat , durante mucho tiempo, muchos catalanes se habrían sentido cómodos siendo una región de España con la esperanza de tener un estatus similar al de un Länder alemán, pero eso nunca ha ocurrido y ahora España rechaza el multiculturalismo.

Dejando de lado la falsedad de la idea de partida del documento, ya que Cataluña tiene un nivel de autonomía muy superior al de cualquier Länder alemán y su participación en los impuestos es mucho más alta, se transmite la idea negativa y totalmente falsa de que España rechaza el multiculturalismo, concepto con connotaciones muy positivas en inglés y que se refiere a diferencias culturales entre países pero no entre regiones, por lo que transmite una idea de una España racista y de rechazo a las personas que vienen de otras culturas.

El documento prosigue afirmando que la opinión pública catalana no reconoce a España como un país tolerante e integrador por lo que pide un referéndum para decidir su futuro. Diplocat argumenta que la negociación es imposible ya que ninguno de los dos partidos políticos principales va a dar pasos decisivos para salvar el estado de las autonomías y finaliza diciendo que España obliga a Cataluña a mantenerse dentro de la unidad del estado contra la voluntad de su gente. ¿Ayuda esto a la inquietud de nuestro presidente para ganar imagen y obtener inversión exterior?

¿Quién habla mal de España?

Es ya percibido por la gran mayoría de los españoles que las instituciones hace tiempo que han decidido evitar su responsabilidad y trasladársela a los ciudadanos. Así el ajuste en España lo han hecho los ciudadanos y básicamente el sector privado, pero en cambio no ha habido ningún ajuste en la estructura política del estado sino todo lo contrario. La gente ha dejado de consumir, las empresas han reducido costes y reducido sus plantillas aumentando el paro a casi el 30% y se han subido los impuestos. Los ajustes del sector público también se han trasladado a los ciudadanos, se ha parado la inversión y se ha reducido el gasto sanitario. Se nos ha pedido a los ciudadanos que hagamos el ajuste que el gobierno no se atreve a hacer con la estructura de cargos políticos.

Del mismo modo se traslada la responsabilidad de la mala imagen de España en el exterior a los ciudadanos y un ejemplo muy evidente es el “proceso secesionista en Cataluña”. La Generalidad también es estado español, y desde esas instituciones se habla mal de España, se la llama intolerante y antidemocrática y todo ello pagado con dinero público, recaudado con el incremento de nuestros impuestos. Esas mismas instituciones catalanas incumplen las sentencias judiciales que cuando les favorecen nos obligan a cumplir a los ciudadanos o llaman al boicot a una multinacional alemana por no etiquetar en catalán. La Generalidad se salta los límites del déficit e incumple todos sus compromisos y paradógicamente consigue más dinero del estado que a su vez sustrae a las comunidades que cumplen.

Y un día que habla el Presidente del Gobierno pide a los empresarios y por extensión a los ciudadanos, que son quienes han soportado el peso del ajuste y de la crisis, que hablen bien de España, para luego castigarles con que con sus impuestos paguen a la Generalidad de Cataluña que no esconde su animadversión a España, habla a través de sus servicio diplomático mal de España y cuyo presidente hace giras por el mundo con un discurso negativo de los españoles. Y esa deslealtad no recibe ninguna reprimenda del Presidente del gobierno, sino todo lo contrario, silencio y más dinero.


¿Es rentable hablar bien de España?

Por supuesto yo creo que sale rentable hablar bien de nuestro país, pero entre los políticos se promociona lo contrario. No se entiende que se premie a quienes incumplen y se quejan de España y se repruebe públicamente a quienes cumplen con sus obligaciones y asumen sus responsabilidades.

Guillermo Brunet
 

jueves, 25 de abril de 2013

“Los Muros de Cataluña”: un libro que abre ventanas en los muros del silencio mediático catalán.


 

Desde que en los años ochenta se instaurara en Cataluña el régimen nacionalista muy pocos son quienes se han atrevido a discutirlo y la mayoría de quienes lo han hecho se decidieron por un exilio voluntario o forzoso ante la presión del régimen. En “Los Muros de Cataluña” Javier Montilla describe de una manera valiente y muy clara todo el proceso y la evolución de los hechos que han llevado a Cataluña a la actual situación de división, manipulación y falta de libertades, proceso que ha ido cumpliendo paso a paso un plan y una estrategia que Jordi Pujol y la cúpula nacionalista diseñaron antes incluso de su llegada al poder.

“Los Muros de Cataluña” no es sólo un libro que nos habla del nacionalismo, como en la portada dice: es un libro polémico que no dejará indiferente a nadie. Es un libro disidente que  nos explica aquello que los medios de comunicación oficiales (y que en Cataluña lo son todos, cautivos por el poder de la subvención) silencian o manipulan. Y quizás, al menos desde el punto de vista de un catalán que vive en Madrid, uno de los elementos más interesantes del libro es que hace un análisis desde Cataluña para toda España, lo que en mi opinión lo hace casi imprescindible no sólo para los catalanes, a quienes nos concierne directamente todo este proceso, si no sobretodo también al resto de españoles que en la mayoría de los casos no acaban de visualizar  las claves en las que se mueve el binomio amenaza-victimismo del nacionalismo catalán.

Perfectamente estructurado, con un estilo muy claro y directo, Javier Montilla va desgranando, en cada uno de los capítulos cada una de las claves que han ido levantando esos muros entre la Cataluña que está construyendo el nacionalismo y el verdadero espíritu y forma de ser de los catalanes que mayoritariamente nunca han dudado de su filiación española. En “Los Muros de Cataluña” a cada una de esas claves se le añaden ejemplos y situaciones reales ilustrativos de la situación que viven los ciudadanos de Cataluña, desde la discriminación de los niños castellanoparlantes, pasando por las multas por no rotular en catalán, hasta las comisiones del 3% y la corrupción generalizada en Cataluña, y todo se complementa con citas, hechos y acontecimientos históricos fruto de un trabajo de documentación serio y contrastado del que carecen la gran mayoría de obras que se prestan a la manipulación del nacionalismo.

Desde la limpieza lingüística del castellano, pasando por la manipulación de la historia, la implantación de la red clientelar y la corrupción de la casta nacionalista entre otras, Javier Montilla repasa cada una de esas claves y lo más importante, nos explica esa aparentemente incomprensible actitud de España que como él dice “mira para otro lado”

Un libro muy recomendable y necesario. En mi opinión una lectura de referencia porque aporta una visión actualizada del problema catalán. La nueva deriva independentista ha dejado desfasados muchos de los análisis publicados hasta ahora, así que se hace necesario un análisis  actual, fresco y libre que aporta el libro de Javier Montilla. Imprescindible para quienes conocen la situación en Cataluña, porque el orden y claridad del libro nos abre a nuevos argumentos en pro de la libertad y en contra del nacionalismo, pero en especial también para quienes desde la distancia o estando interesados en salir del silencio mediático quieren conocer qué está pasando de verdad en Cataluña, descifrar la espiral disgregadora en la que se han metido los partidos nacionalistas catalanes y entender la actitud pasiva de España ante el “órdago” del independentismo catalán.
 

 “Los Muros de Cataluña” de Javier Montilla se presenta este viernes 26 de abril en el Centro Cultural Zayas de Madrid (Calle Príncipe de Vergara 40) a las 8:15 de la tarde. Con Alejo Vidal-Quadras

Yo estaré allí y es una oportunidad para encontrarnos quienes estemos en Madrid esa tarde.
 
Guillermo Brunet
 

viernes, 19 de abril de 2013

Sant Jordi secuestrado por los nacionalistas



El independentismo catalán no puede dejar pasar la oportunidad de apropiarse también de esta fiesta ciudadana, sin el componente político que sí tiene la Diada.

Catorce entidades se han unido para llevar a cabo la campaña 'Per Sant Jordi, el llibre, la rosa i l'estelada al balcó' (Por San Jordi, el libro, la rosa y la estelada en el balcón) con el mismo propósito que anteriores y similares campañas: el apoyo a la causa soberanista.

Las asociaciones organizadoras y subvencionadas por parte del govern son las habituales: Assemblea Nacional Catalana, Associació Catalana de Professionals, Associació de Municipis per la Independència, Cercle Català de Negocis, CIEMEN, Col·lectiu Emma, ENS, Fundació Catalunya Estat, La Fàbrica, Òmnium Cultural, Plataforma per la Llengua, Plataforma pro Seleccions Esportives Catalanes, Sobirania i Justícia i Sobirania i Progrés, las mismas del proyecto ElClauer.cat.


El partido Ciudadanos (C's) ha reivindicado que la fiesta nacional de Cataluña sea San Jordi, en vez de la Diada del 11 de septiembre, porque el día de la rosa y el libro es celebrado por todos los catalanes por su carácter festivo y cultural, con ese toque romántico de regalar la rosa a la amada o el libro al amor.

Yo no quiero que el día mas festivo de Cataluña en las calles, en los hogares y en todos los ámbitos ciudadanos de Cataluña, este secuestrado por los nacionalistas y quieran dejar de lado a esos catalanes que no piensan como ellos, que no aceptan la estelada como bandera y mucho menos el camino de la separación de España.
A esos a los que llaman Fachas por no tener sus ideales, por querer convivir en un marco bilingüe dentro de la legalidad, sin tener ese enfrentamiento constante con España, que están orgullosos de ser Catalanes y Españoles, que muchos son emigrantes de fuera de Cataluña y celebran ese día como cualquier catalán mas, pero al mismo tiempo se sienten perseguidos por no saber hablar en Catalan, que poco a poco se sienten desplazados en este día cada vez mas por el ambiente político que esta cogiendo la jornada de Sant Jordi, ya bastante tenemos que el día de la comunidad catalana lo tienen politizado y lleno de reivindicaciones separatistas, dejemos la única fiesta donde hasta el día de hoy no tiene ni consignas independentistas ni de unión a España, como bien he dicho antes tiene un ambiente festivo y cultural.


Sin contar con lo ultimo en souvenirs con la estelada que han salido desde el 11s, empezaron con el papel higiénico, pasaron por la ropa interior, y por el DNI de 11 € que nos quieren imponer a todos los ciudadanos de cataluña, ahora han sacado al mercado el reloj del San Jordi independentista, que lleva una estelada en el escudo del valiente caballero. En blanco o negro y con oferta especial para este día.


José Manuel Mateo


miércoles, 10 de abril de 2013

El DNI catalán se vende a 11 euros



La asociación DNI.cat tiene como objetivos 'conseguir que todo ciudadano de Cataluña tenga el Documento Nacional de Identidad de los 'Països Catalans'' y , por ende, 'conseguir la validez del documento para la realización de gestiones administrativas, y hacerlo oficial'. Para ello apelan al Estatuto de Cataluña que dice que 'disfrutan de la condición de catalanes todos los ciudadanos que tengan vecindad administrativa en cualquier municipio de Cataluña', por tanto, 'el Carnet de Nacionalidad Catalana es el documento que acredita esta ciudadanía, que nos honra y dignifica'. Además, tienen la desfachatez de invocar la Constitución Española porque 'dice que somos españoles y catalanes a la vez, por tanto, debemos tener dos carnets y llevarlos con el fin de quedar totalmente identificados, y no a medias'.

Así comienza una noticia publicada en el digital Dialogo libre, realmente desde Cataluña se están volviendo locos, con el desprecio de echar por tierra todo lo que huele o venga desde España, la última es el DNI catalán, para todas estas gilipolleces sí que tenemos dinerito fresco en Cataluña, dinerito que a nadie se le olvide que viene de España, de esa España que nadie quiere pero que sí que van cada tres meses a pedir dinero.

Con la excusa que si España nos debe, que si España nos roba "vamos la cantaleta de siempre", la que nadie se cree en su sano juicio porque es mentira, desde que está el señor Mas gobernando ¿Cuántos miles de millones les han dado desde el Gobierno central? una burrada ¿En qué se lo están gastando? en los ciudadanos no, se lo gastan en apoyar gilipolleces como esta, mientras que los farmaceuticos están sin cobrar, en los hospitales están cerrando plantas, están cerrando CAPs o ambulatorios con urgencias por las noches.

Señor Mas olvídese del viaje a ITACA y empiece a solucionar los problemas reales de los ciudadanos, comience a aprovechar el poquito dinero que tenemos en Cataluña a distribuirlo en las necesidades reales, no las necesidades ficticias de un país que nunca será, que por mucho que se quieran crear estructuras de estado, poner cimientos a un sueño suyo y de su socio de ERC el señor Junqueras, por muchas subvenciones a la caverna mediática catalana no se va conseguir salir de esta crisis y mucho menos solo, sin la ayuda del Estado español que es el que les está dando ese dinerito que usted derrocha tan fácilmente en sueños imposibles.

José Manuel Mateo

martes, 9 de abril de 2013

El acoso independentista en las redes sociales


El ciberacoso se manifiesta de múltiples maneras en la red. El motivo de la conversación online , sea cuál sea la temática , es sólo el pretexto que el famoso troll utiliza para hacerse notar y, de paso, pretender intimidar a los demás usuarios contrarios a sus opiniones.

En los foros y redes sociales donde se discute sobre política, los trolls nacionalistas no se comportan de una manera muy diferente a la que suelen comportarse los trolls que irrumpen en conversaciones sobre fútbol, tribus urbanas o televisión. Es cierto, también, que el ciberacoso no se reduce a trolls anónimos, también hay usuarios con nombre y foto real que también adoptan estas actitudes.

El acoso nacionalista tiene en internet otro gran escaparate. Es muy común ver cómo en las redes sociales se usa la excusa de la discrepancia política para acabar en el insulto, el desprecio y el acoso permanente. El troll, el que usa pseudónimo y foto falsa, con más o menos habilidad, suele recurrir al insulto directamente. Intentar razonar con un troll es alimentar su ego y darle el protagonismo que busca, ignorarlo es justamente lo contrario.

Sean trolls o no, utilicen nombres falsos o no; hay una serie de rasgos que suelen caracterizar al usuario que falta al respeto a los demás con la excusa del independentismo. ¿Ser independentista equivale a ser faltón y agresivo en la red? No, pero sí es verdad que muchos usan su condición de independentistas para emplear su mala educación con los que no lo son, y además se sienten plenamente legitimados y animados por otros ciberacosadores similares.

Cuando detectan a álguien que discrepa de su pensamiento, su primera reacción suele ser de asombro o descrédito. Acostumbrados a moverse en un círculo de amigos, trabajo o familia donde nadie les lleva la contraria y más o menos todos defienden lo mismo con unanimidad, enfrentarse al que opina lo contrario, aunque sea virtualmente, los llena de cierto grado de sorpresa y, a veces, excitación. Encontrar a alguien que defienda justamente lo contrario los enerva, es para ellos un gran hallazgo, su gran oportunidad de espetar a esa persona no independentista todas sus fobias, aunque esa persona no la conozcan de nada ni sea culpable de nada.

Por ejemplo, un servidor no es independentista, pero no tengo nada que ver ni soy responsable de lo que hagan José Mourinho, Tomás Roncero, Intereconomía o todos esos iconos que el independentista detesta, iconos que probablemente relacionen conmigo en su despampanante ejercicio de lógica asociativa. ¿Y si, en realidad Mourinho e Intereconomía sí fuesen mis referentes?¿Qué problema habría? Seguimos con el mismo síntoma de intolerancia. Los referentes mediáticos del ciberacosador independentista seguro que también me resultan muy desagradables y no es razón para caer también en la tentación del ataque personal y pretender acorralarlo virtualmente.

Después de su sorpresa inicial, nuestro ciberacosador intenta investigar sobre dónde vives, tus gustos o tus preferencias para después usar esa información en tu contra, especulando con tópicos que le ayuden a deformar tu imagen mediante la difamación gratuíta. Ya sabe que no eres independentista como él, ése ya es un input suficientemente negativo y lo acabará reforzando con cualquier otro dato, en el caso de que esté a su alcance, y si no, se lo acabará inventando a partir de sus especulaciones. Continúa la perversa asociación de ideas: no eres independentista como yo, entonces seguro que eres del Real Madrid y la Roja, te gusta tal cantante hortera o tienes tales gustos o costumbres extravagantes y eres un perfecto inculto, garrulo e incívico. No te esfuerces por justificarte y convencerlo de que no es así, el independentista llegará a esa conclusión sobre tí y la mantendrá pese a todo, aunque no te conozca de nada. Sólo él lee, sólo él es virtuoso, solidario, preocupado por el medio ambiente, entendido en arte, sólo él tiene carreras, sólo él es bueno haciendo bici o running y sólo él y su selecto círculo saben idiomas y son cultos, los demás, por no ser independentistas, ya somos, simplemente, escoria sórdida e inadaptada. El independentista en internet también te reprochará que no hablas catalán y si lo hablas, seguro que te encuentra alguna falta de ortografía o te echa en cara que no tienes suficiente habilidad con los pronombres.

Es probable que, a destiempo , y sin venir a cuento el ciberacosador te cuelgue un enlace o alguna noticia publicada en algún medio que él considera de la caverna y te pida explicaciones y a tí, sinceramente, ni te interese o sea una cuestión que esté fuera de tu alcance. También te colgará enlaces favorables a sus intereses: como encuestas favorables al SÍ a la independencia o noticias sobre masivas movilizaciones; enlaces acompañados de coletillas o comentarios desafiantes.

Si eres simpatizante del PP, Ciutadans o UPyD, es probable que te pida explicaciones sobre lo que han dicho o hecho Mariano Rajoy, Albert Rivera o Rosa Díez, actitud totalmente absurda si eres un simple ciudadano de a pie que nada tiene que ver con los órganos de dirección de esos partidos.

El ciberacosador independentista te ha descubierto, te ha acosado partiendo de sus ideas preconcebidas sin conocerte de nada y, a partir de ahí, ya te desautoriza para opinar sobre cualquier otra cosa. Da igual que estéis de acuerdo en gustos musicales, cinematográficos o gastronómicos, ya te ha encasillado como un ser que no está a su altura y todo lo que digas queda invalidado por tu condición de “facha” o “español”.

De la sorpresa inicial al acoso más sutil, de sus prejuicios, su asociación de ideas, donde infiere del no ser independentista lo peor, al descaro y, posteriormente, el insulto. El modus operandi del troll independentista contra el que no es de su cuerda es bastante común. Su perfil es variado, puede ser adolescente o de avanzada edad, profesor universitario o padre/madre de familia con una reputación externa aparentemente ejemplar. De nosotros depende si nos interesa entrar en su juego o no y detectarlo a tiempo.

José Luis Osorio

miércoles, 3 de abril de 2013

La manipulación semántica nacionalista

Las ideologías totalitarias siempre modifican el lenguaje de aquellas sociedades en las que se imponen. Es muy importante que los individuos se vean forzados a utilizar unos códigos lingüísticos determinados mostrando de esa manera su sumisión a la autoridad. Por ejemplo en la antigua Unión Soviética se decía el "camarada ministro" en vez de decir el "señor ministro". Una modificación del lenguaje que parece inofensiva, pero es un cambio radical y por lo tanto un acto de obediencia.

La Alemania nazi también trajo consigo una nueva forma de expresarse. De hecho el responsable de la maquinaria propangandística nazi, Joseph Goebbels, era licenciado en filología. Una de las víctimas del holocausto, Primo Levi, nos cuenta las expresiones usadas oficialmente para referirse a la masacre:
En el lenguaje oficial sólo se usaban eufemismos cautos y cínicos: no se escribía "exterminación" sino "solución final", no "deportación" sino "traslado", no "matanza con gas" sino "tratamiento especial", etcétera.
George Orwell en su libro "1984" describe una sociedad totalitaria en la que los pilares del totalitarismo son la manipulación de la historia llevada a cabo por el Ministerio de la Verdad y la manipulación lingüística a través de la "Neolengua", una nueva lengua "creada para solucionar las necesidades ideológicas". Por ejemplo al Ministerio de Guerra se le llama Ministerio de Paz.

El nacionalismo igual que todas las ideologías totalitarias, está obsesionado con hacernos hablar de una manera determinada. En alguna ocasión hemos tratado el tema de los topónimos (¿Gerona o Girona?). Pero la obsesión nacionalista no se limita a los topónimos. Por ejemplo se han empeñado en que llamemos a Jordi Pujol "honorable" o que digamos "Generalitat" en vez de "Generalidad" o "president" cuando nos referimos a Artur Mas. Pero una de las cosas que más me molesta es cómo han conseguido que las palabras "España" y "español" desaparezcan del vocabulario.

Recuerdo cuando era niño cómo para referirnos a la lengua de Cervantes decíamos "español". Era lo lógico, de hecho es lo que se hace en todos los países de habla hispana. Sin embargo alrededor de 1980 el nacionalismo decidió erradicar esa palabra con un argumento que le haría reír a un mono. Nos decían que había que llamarla "castellano", porque español son todas las lenguas de España. Y poco a poco fuimos cediendo porque no merecía la pena destacar por una cuestión aparentemente insignificante. En esa misma época, en la televisión pública catalana, hacían malabarismos para evitar la palabra "España". Por ejemplo, el hombre del tiempo decía "En Cataluña tendremos un día soleado, mientras que en el resto del Estado habrá chubascos tormentosos", lo cual es absurdo porque en el Estado nunca llueve. Mi padre, que era muy simpático, decía "No me queda claro en qué parte del Estado lloverá, si en el Ejecutivo, en el Legislativo o en el Judicial". Hoy en día la palabra "España" está estigmatizada en Cataluña, de tal forma que para evitar ser considerado un fascista es mejor utilizar la palabra Estado o península Ibérica. La manipulación de la lengua y la creación de esa "neolengua" nacionalista ha facilitado el fuerte aumento del nacionalismo catalán que venimos observando en los últimos años.

La mejor manera de luchar contra la manipulación es la insumisión lingüística. Es decir rebelarse y utilizar las expresiones que sean más antipáticas al nacionalismo. Por ejemplo, cuando hablamos de la región vasca podemos llamarla de las siguientes formas:
  1. Euskadi
  2. País Vasco
  3. Vascongadas
Los nacionalistas han conseguido que desaparezca la tercera: Vascongadas, lo cual es increíble ya que ésta ha sido tradicionalmente la manera de referirse a las provincias vascas. Mi madre que es vasca siempre había usado esa expresión, pero hoy en día su utilización se considera políticamente incorrecta. ¿Por qué? porque así lo ha decidido el nacionalismo. Podemos usar argumentos de catedráticos con reputación, pero para mí la razón más importante es que no quiero que me manipulen. Yo prefiero decir "Vascongadas", porque a los nacionalistas les molesta. Ése es el mejor criterio ... en caso de duda insumisión lingüística.

lunes, 1 de abril de 2013

Mi Cataluña


En 1960 mi padre encontró trabajo en Barcelona. En aquel entonces había pocos profesionales en España y Barcelona era además una ciudad encantadora, yo tenía seis años. Barcelona, Cataluña era total y completamente española y aunque las clases más bajas hablan en catalán entre ellos nunca lo usaban para dirigirse a personas que estaban hablando en castellano, y digo "castellano" porque el catalán es también español, como también es francés por culpa de ellos. Yo consideré a Cataluña mi tierra y me sentía más a gusto en ella que en otras partes de España aunque siempre me seguí sientiendo en casa en Madrid. Me casé con una catalana que hablaba castellano con acento, era hija de un tintorero de Gracia y nieta de un republicano, aprendí a hablar el catalán y conocí a Sisa, Pau Riba, a Maria del Mar Bonet a Tereçi Moix y a otros muchos catalanes, me interesé mucho por la cultura de la región o país, el modernismo Gaudí, Josep Plá, el Ampurdán, Pau Casals, el Priorat etc. Llegué a amar aquella parte de España tan especial abierta al Mediterraneo y que parecía más suave, más dulce, más cosmopolíta y abierta que el resto España, hasta la Odisea traducida al catalán por Carles Riba me parecía más bella que la traducción al castellano por otro catalán ilustre, Luis Seglá y Estadella. Aplaudí emocionado a Tarradellas el 23 de octubre de 1977 cuando habló en la Plaza San Jaime, siempre lo había admirado y me sentía lleno de orgullo de tenerlo por presidente de la Generalidad como sentía respeto y agradecimiento a Adolfo Suarez, nunca imaginé lo que sucedería después.

Todo empezó a cambiar cuando alguien que no le llegaba ni a la suela del zapato a Tarradellas ocupa su lugar, al año de estar Pujol en la Generalidad empecé a sentirme a disgusto. Me di cuenta inmediatamente del juego nacionalista por parte de un oportunista con pocos escrúpulos y una gestión dudosa y deshonesta en Banca Catalana, a los nacionalistas no les importaba como tampoco les ha importado ahora los manejos de su hijo. En el 2003 dejé Cataluña definitivamente, asqueado y con el dolor que lleva hasta la muerte el que vive en el exilio si no puede volver a su tierra. Yo no solo no puedo vivir en una Cataluña llena de odio, de oportunismo, en una sociedad totalmente enferma y engañada por el constante lavado de cerebro, adoctrinada en un fascismo, separatismo y odio hacia el resto de España y el resto de los españoles, que es mil veces más intolerante y fascista que la Cataluña de los 60, no solo no puedo vivir allí, no puedo volver.

El niño de la foto soy yo con mi madre, lo que está detrás es Bellesguard, la casa de Gaudí donde viviamos.

Adrián Bellesguard

lunes, 25 de marzo de 2013

¿Por qué España no se defiende del nacionalismo?



Cuando vemos los fracasos del estado autonómico nos hacemos muchas veces esta pregunta: ¿Por qué ante los desmanes de los nacionalistas y del estado de las autonomías no se ha intentado ni siquiera una pequeña reforma del sistema autonómico por ninguno de los gobiernos de España? Los gobernantes dan muchas respuestas, pero la más socorrida es que no se puede reformar el estado de las autonomías porque se necesita a los nacionalistas para hacerlo, ya sea porque no se dan las mayorías suficientes o ya sea porque los partidos nacionales consideran que una reforma de este tipo requiere del consenso de los nacionalistas. Pero esto es mentira. Los partidos nacionales, que representan a más del 80 % de los españoles no reforman el estado de las autonomías porque no quieren.

PP y PSOE no requieren de los nacionalistas para hacer la reforma, representan a la inmensa mayoría de los españoles, pero además no vale el argumento de que en esa reforma deben necesariamente que estar de acuerdo los nacionalistas, no es lógico que se puedan hacer cambios en contra de la opinión de la mayoría nacional de España (por ejemplo entregando competencias del estado a las autonomías) pero que en cambio no se pueda hacer una reforma que moleste a la minoría antiespañola.

El problema de PP y PSOE es que se sienten cómodos en esa estructura y esta es la razón por la que no quieren ni que se “plantee” ni se “discuta” el sistema. Pero yo defiendo nuestro derecho a que las cosas se planteen y se discutan; nadie, ni siquiera el gobierno tiene el derecho a decidir por nosotros qué cosas se pueden discutir o no.

En España existen muchas razones por las que al final se beneficia al nacionalismo, muchas son debidas a ciertos valores que están muy enraizados en nuestra cultura. Aquí menciono algunos:

El Clientelismo. En España estamos habituados al clientelismo, amiguismo y enchufismo, de modo que el sistema autonómico encaja perfectamente con esa manera de hacer las cosas. La generalización a toda España del sistema autonómico ha permitido el acceso al poder de los caciques locales. Estos han colocado a sus familiares y amigos en las administraciones autonómicas, han creado cargos y puestos remunerados para colocar a sus seguidores, donde antes había un director general, ahora hay 17. Acabar con el estado autonómico significaría que el acceso a un cargo público no dependería de un conocido, si no de un sistema más centralizado y menos subjetivo en donde los caciques locales tendrían menos poder para tomar estas decisiones. Acabar con este sistema no solo terminaría con los desmanes de Cataluña y el País Vasco, si no también con todo el clientelismo que los partidos nacionales han montado en el resto de las autonomías. A ellos tampoco les interesa.

La cobardía. Por desgracia en la España actual se ha instalado la pusilanimidad. Los españoles no están dispuestos a defender lo que es justo y bueno, o simplemente lo que les interesa, si ello conlleva esfuerzo. Se ha instalado la cultura de que mientras no nos toque directamente mejor aceptar la injusticia. Así, por ejemplo, en el resto de España no están de acuerdo en que no se pueda estudiar en español en la escuela pública catalana, pero como ese no es un problema que afecta a sus hijos no van a hacer nada, y se limitan a justificarlo con un -ellos tienen lo que han querido-. Esta actitud es la perfecta para los gobiernos cobardes ya que la dejación de responsabilidades ante la amenaza nacionalista queda sin castigo de su electorado. Se deja la responsabilidad a la región afectada y ya no es un problema nacional.

El agravio como argumento político. Siempre se ha dicho que el pecado capital de los españoles es la envidia, por supuesto yo no creo en la generalización, pero sí que creo que en todos los países existe y aquí también. Los gobiernos pusilánimes que lo que buscan es solo mantenerse en el poder deben canalizar los sentimientos de frustración y agravio colectivos que se dan en la sociedad. El sistema autonómico es perfecto. Ya sea por el agua, por la lengua, por el dinero que corresponde a cada uno, una carretera, un aeropuerto, sea por lo que sea, el gobierno puede justificar la toma de decisiones de política nacional ya que su partido puede estar de acuerdo y en desacuerdo a la vez cuando una decisión afecta a una determinada autonomía, sino recuérdese el plan hidrológico nacional; en Valencia y Murcia tanto PP como PSOE estaban de acuerdo, pero en Aragón ambos se mostraron en desacuerdo.

Los complejos. A pesar de los años sigue existiendo un complejo entre muchos españoles: tratar de evitar que te llamen franquista. Así pues, los españoles y sobretodo la derecha española tratan de huir de toda posible asimilación al franquismo. De esta manera quienes son de derechas se hacen llamar de centro, quienes son católicos rehúyen las iglesias y quienes se sienten españoles evitan plantearse o discutir sobre el sistema autonómico, aunque sepan que la centralización tiene muchas ventajas y dejaría en minorías residuales a los nacionalistas.

El colectivo por encima del individuoMuchos españoles aman los colectivos, sentirse parte de un grupo, ya sea su familia, grupo de amigos, peña futbolística, grupo fallero, partido político o asociación. Igualmente el haber nacido en un pueblo, comarca o región te distingue para bien o para mal. A uno le define el colectivo al que pertenece y no la persona individual que es. Así se defiende al colectivo en contra de los demás, es una obligación y necesidad ya que de eso depende la valoración que muchos españoles tienen de sí mismos, aunque no se tenga razón. El sistema autonómico ha provocado que este sentimiento se haya acentuado. A muchos les da igual si una información es cierta o no, o mejor dicho, solo dan por ciertas las informaciones que benefician a su colectivo y rechazan por sectarias las que lo perjudican. El nacionalismo catalán, como colectivo, sólo acepta noticias que avalen su "España nos roba", y el colectivo de los políticos españoles solo acepta informaciones que hablan de la normalidad de la convivencia en Cataluña, para justificar su inacción. No nos tratan como individuos, sólo les interesamos como peones de un grupo.

Desinterés cultural. En nuestro país se ha instalado un alarmante desinterés por saber y conocer. La mayoría de la gente acepta lo que se les dice sin realmente tener interés en saber más, o en saber si eso es cierto. Parece mentira cuánta gente piensa que Cataluña fue conquistada por España en algún momento de la historia, o que en Cataluña siempre ganan los nacionalistas en las elecciones. No les interesa saber la verdad y asumen directamente lo que los nacionalistas, estos sí muy interesados en hacerlo creer, les dicen.

En contra de estos anti-valores que benefician la instalación de los nacionalismos en el poder, está la opinión mayoritaria de los ciudadanos españoles que cuando se les pregunta individualmente y sin coacción en general piensan que este sistema falla y hay que reformarlo  o suprimirlo. En el caso de Cataluña, sigo pensando que la mayoría no es independentista y que aunque el resto de España no esté dispuesta a “mojarse” por esa mayoría, los catalanes podemos ganar esa batalla. Si al final quienes nos deben ayudar prefieren la comodidad y hacen dejación de sus responsabilidades, y lo que es peor, prefieren traicionar sus convicciones, entonces ganaremos igualmente, será más difícil, pero tampoco les deberemos nada.
 
Por Guillermo Brunet