lunes, 4 de junio de 2012

Triunfo de la Contrarreforma católica, derrota de la libertad del individuo


A nadie se le escapa que la Reforma Protestante, que tuvo lugar durante el siglo XVI, trajo consigo una división del Cristianismo en  Occidente. Por un lado, la Iglesia Católica Romana que se proclamó, tras el Concilio de Trento, heredera de la Cristiandad Occidental, y por otro lado, aquellos que buscaban restaurar el cristianismo primitivo, rechazando la herencia cristiana medieval.

La causa suele situarse, sin dejar a un lado circunstancias y elementos políticos, económicos y doctrinales que culminaron con el Humanismo del siglo XV, en la venta de indulgencias por la Iglesia Católica, librando así al alma del paso por el purgatorio siendo, manifiestamente, la culminación de las prácticas anticristianas que llevaban a cabo el clero católico. También fueron motivos de la Reforma la decadencia de la autoridad del Papa, de la teología, los abusos de los clérigos y la curia romana y el denominado nacionalismo eclesiástico y el nacionalismo político alemán.

Así las cosas, Lutero elaboró un documentos conocido como “Las 95 tesis de Winttenberg” donde bosquejaba lo que sería su doctrina sobre la salvación del alma sólo por la fe, donde la única autoridad religiosa posible era el juicio individual aplicado al estudio de la Biblia. Por su parte la Iglesia Católica vió en la doctrina luterana un riesgo ya que iba reclutando seguidores, incluso cardenales, que se separaban de Roma atraídos por la idea de recuperar la tradición católica. Un alto número de seguidores católicos reclamaron a la Iglesia una reacción para poder hacer frente al protestantismo pidiendo que se corrigieran los errores, mejoraran las costumbres y se afianzara la posición de poder de Roma. Para ello se convocó el Concilio de Trento donde se reafirmó la doctrina católica.

Siguiendo el estudio que Max Weber hace en su libro “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”, observamos como en aquellas regiones donde triunfó la Reforma Protestante, se abrió el camino al capitalismo moderno al destruir el sistema medieval existente. Pero no sólo supuso el asentamiento del capitalismo sino también la independencia política, religiosa y cultural, incluso aumentó el desarrollo de gobiernos democráticos, basados en la elección de gobiernos a través de votantes individuales. En definitiva, triunfó la libertad del individuo frente a la represión y manipulación del poder eclesiástico omnipresente durante la Edad Media.

Este triunfo de la libertad del individuo pronto se identificó como un problema por parte de la Iglesia Católica y por ende de los Monarcas absolutistas que intentaron por todos los medios defender sus privilegios adquiridos durante siglos, lo que provocó la aparición de una mentalidad completamente opuesta a la propugnada por la Reforma Protestante. La reacción de la Iglesia fue intentar controlar todas las esferas, es decir, la religiosa, cultural, social y económica con el único fin de silenciar la libertad que se había iniciado con el Humanismo en el siglo XV y que culminó con la Reforma en el siglo siguiente.

La consecuencia, antes como ahora, es la existencia de una población anclada en vicios irresponsables tomando como buenos los postulados de la  tesis de la Contrarreforma. Es decir, prefirieron abandonar la libertad como si de una auténtica carga se tratase, prefiriendo encadenarse al poder, ya que su inmadurez como individuos les hacía sentirse seguros bajo la tutela de un dictador.

Vemos así como la práctica llevada a cabo por la Iglesia Católica para frenar el desarrollo del individuo en libertad y por lo tanto de la Reforma, es la misma que llevan a cabo los nacionalismos, sea cual sea el nombre que adopten. Hacen demostración de su capacidad de dominación como ostentores del poder, con el fin único de silenciar al individuo y su libertad, defendiendo así sus privilegios adquiridos a golpe de dictadura.

Mientras que el individuo renuncie a su libertad por miedo a su libre personalidad, triunfará el nacionalismo o cualquier otra de las formas de opresión, enemigas todas ellas de la libertad. Pero su triunfo no vendrá por ser más fuertes, que no lo son por el mero ejercicio de la fuerza sobre el individuo, sino por su debilidad, ya que son incapaces de mantenerse solos como individuos en libertad y por eso buscan cualquier elemento, legal o moral, que les de la convicción de ser fuente de derecho.

Vir R. Gómez

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