domingo, 17 de junio de 2012

Consuelo Ordóñez Fenollar, el coraje frente al terror y la injusticia


“Las víctimas sólo queremos justicia, que los etarras colaboren con las autoridades para esclarecer los asesinatos que están sin esclarecer. Nunca nos ha interesado el perdón porque el que tiene que perdonar está muerto. Yo no puedo perdonar por mi hermano”.

Todos sabemos que una de las características del nacionalismo es la manipulación de la historia, creando la suya propia y utilizándola como un instrumento de adoctrinamiento que sirva para llevar a cabo un lavado de cerebro, tan necesario como perverso, en la población.

La pervivencia de los nacionalismos catalán, vasco y gallego tiene su causa fundamental en la indefensión de España. Hoy en día son muchos los españoles que todavía identifican España con el régimen franquista nacido tras la Guerra Civil concluida el 1 de abril de 1939, donde salieron vencidos las izquierdas y los nacionalismos catalán y vasco.

El error de identificar la nación con un régimen político o con un gobernante, ignorando la anterior existencia de esa nación, hace que los nacionalismos utilicen esos acontecimientos como base para fomentar su falsa historia de opresión y odio a todo lo que se identifique con ese gobernante o régimen político. Un ejemplo revelador es la bandera de España como símbolo nacional. En cualquier país del mundo los símbolos nacionales se asumen y acogen por todas las opciones políticas, más allá del régimen o sistema político existente.

En España las izquierdas y el nacionalismo se aferran a identificar la bandera nacional con el bando vencedor de la Guerra Civil olvidándose de que la bandera rojigualda tiene su origen en el reinado de Carlos III y que sólo cambió de color durante la Segunda República a diferencia de la Primera que, obviamente, conservó la tradicional bandera española.

Esta confusión, tan interesada como irreal, es una de las muchas que el nacionalismo usa para llevar a cabo las conocidas “técnicas de nacionalización”, es decir, opresión lingüística, presión social, manipulación y adoctrinamiento educativo, llegando incluso en ocasiones, a la expulsión y aniquilación de los que se opusieron a la imposición nacionalista.

Una de las personas que más lo conoce por haber sufrido dichas técnicas es Consuelo Ordóñez Fenollar, hermana de Gregorio Ordóñez Fenollar, Primer Teniente de Alcalde de San Sebastián, diputado del Parlamento Vasco y presidente del PP de Guipúzcoa, asesinado por la banda terrorista ETA el 23 de enero de 1995.

Desde ese día, Consuelo vivió la persecución, las agresiones físicas y verbales por parte de los etarras. Llegaron a lanzarla cócteles molotov, a realizar pintadas amenazantes hacia su persona, a tirarle piedras cuando paseaba por las calles de San Sebastián e incluso a gritarle que les “devolviera la bala”.

A pesar de todo vivió durante nueve años en San Sebastián denunciando la realidad del día a día en el País Vasco, “la amenaza, la falta de libertad, ese es el gran problema de ese pueblo; ¡lo efectivas que pueden llegar a ser! Se interioriza qué se puede hacer o no para seguir viviendo cómodamente, se trabaja en el engaño y en el auto-convencimiento; el que se han aplicado demasiados vascos durante muchos años, y digo demasiados, con eso de “es que van provocando...” “algo habrá hecho...”. Son demasiados los que piensan, y que encuentran justificación de todo lo que ha pasado, sin ningún remordimiento”.

Actualmente, como portavoz del Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco (COVITE), Consuelo trabaja para que los 326 asesinatos sin esclarecer cometidos por ETA no queden en la impunidad, denunciando el “falseamiento de la historia más reciente, la historia de ETA, que se está cometiendo desde lo institucional y lo no institucional con la pretensión de vender la falacia de las tesis de la banda. Cumpliéndose así la obsesión de ETA y la izquierda abertzale. Institucionalmente se está trabajando en esa línea. Está ganando la batalla porque tienen el apoyo político de las instituciones”.

Consuelo, al igual que Gregorio, se caracteriza por la claridad en su discurso, en decir las cosas tal y como son y no como los políticos de todos los partidos y los terroristas de ETA quieren escuchar. Y así lo hemos podido comprobar cuando hace unos días ha solicitado, en relación al Plan Integral de Reinserción de Presos de ETA, la entrevista con el asesino de su hermano, Valentín Lasarte, que actualmente está en prisión en la cárcel de Nanclares de Oca, señalando que “no creo en el arrepentimiento sincero del asesino, pero quiero comprobarlo directamente. Y si no lo creo, es porque los juicios donde Valentín Lasarte ha sido interrogado por otros compinches suyos, éste se ha negado a colaborar con la justicia amparándose en el socorrido “no lo recuerdo”.

Mostrando coherencia en sus declaraciones y firmeza en sus principios asegura que el encuentro con el asesino Lasarte “no me lo pide el cuerpo. Me veo obligada a hacerlo. Yo ya llevo un añito denunciando que me están vendiendo que el asesino de mi hermano se ha arrepentido. Mi objetivo es demostrar el fraude”.

ETA es una organización que nació durante el régimen franquista con dos ejes de actuación; el socialismo y la independencia del País Vasco con la adhesión de Navarra y el País Vasco Francés, conformando lo que ellos han venido a denominar Euskal Herria. Esta organización terrorista nacida de una escisión del PNV ha tenido y tiene una rama o brazo político que utiliza, bajo diferentes marcas o denominaciones (HB, EH, PCTV, Amaiur, Bildu) para conseguir sus objetivos, que a su vez son compartidos por el PNV. Partido que dice huir de la violencia terrorista, que se define como nacionalista moderado y democrático, pero que la justifica o fomenta con distintas actuaciones o declaraciones de sus dirigentes. Tal es el caso de Javier Arzallus cuando refiriéndose a Argala dijo “es un hombre que ha entregado la vida por su pueblo, merece nuestro total respeto y formar parte de nosotros”.

Consuelo Ordóñez representa a esos vascos con coraje que no rehuyen la batalla contra la conveniencia política de los grandes partidos españoles y la imposición nacionalista, muy especialmente de su cara más descarnada: el terrorismo socialista independentista de ETA.

Vir. R. Gómez

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