domingo, 20 de mayo de 2012

Segunda Transición Española, efecto bumerán

¿Quién no se ha visto seducido en alguna ocasión por el lanzamiento de un bumerán?. Nos preguntamos cómo es posible que un artilugio con una figura y forma un tanto atípica, girando sobre su eje, puede describir una trayectoria tan perfecta y que de forma calculada retorne a las manos del lanzador. Aquellos cuya curiosidad va más allá de una simple observación y asombro, por los vuelos de ida y vuelta del bumerán, tienden a buscar el porqué de dicha trayectoria y quieren entender no sólo el mecanismo de producción sino también la técnica del lanzamiento.

En cierto modo lo mismo sucede con aquellos que curiosamente intentan descifrar el contexto sociopolítico y económico actual de España así como sus posibles diferencias o similitudes con nuestros socios europeos. Basta para ello tomar como punto de partida el contexto en el que se produjo nuestra transición de un régimen dictatorial a un régimen democrático tras la muerte en 1975 del dictador, el General Francisco Franco.

Tanto en España como fuera de ella “los poderes”quisieron controlar dicho proceso, política y militarmente, con el fin de instaurar un régimen democrático que asegurara la regulación del sistema y produjera los intereses deseados. Así las cosas, los constituyentes crearon un clima de consenso político, aunando todas las ideologías sin dejar al margen los nacionalismos catalán, vasco y gallego. Por su parte, estos vieron la oportunidad de aprovechar las circunstancias para iniciar un camino que servía para su fin único: la ruptura y aniquilación de España. Se sirvieron de los mecanismos democráticos y crearon poco a poco una imagen de victimismo que caló en sus “burdos seguidores”, desarrollando una “historia ficticia” que les sirvió para sus reclamaciones históricas, políticas, sociológicas y culturales. Utilizaron las denominadas “técnicas de nacionalización”, es decir, opresión lingüística, presión social, manipulación y adoctrinamiento educativo, así como, cambio de las toponimias llegando, en ocasiones, a la expulsión física de los que se opusieron a la imposición nacionalista.

Lejos de hallar oposición por los denominados “partidos o fuerzas políticas constitucionalistas” encontraron una grata colaboración, en algunos casos por acción y en otros por omisión. Pronto el desarrollo del Título VIII de la vigente Constitución Española, tan contradictorio como peligroso, sirvió de chantaje político, para ambos lados, con el fin de encontrar apoyos que les aseguraran mantenerse en el poder, olvidándose que los apoyos políticos tienen como fin la estabilidad y la gobernabilidad del Estado.

El texto constitucional de 1978 ha creado reconocidos problemas. Uno de ellos es la aparición de una casta política que ha pervertido el sistema impulsando un déficit estructural debido al traspaso de competencias a las Comunidades Autónomas y su correspondiente financiación, que no son controladas por el Estado. Otro problema de enorme importancia e íntimamente relacionado con el anterior es el control político del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional, impidiendo de esta manera su independencia para interpretar constitucionalmente las leyes orgánicas de aprobación de los Estatutos de Autonomía o las leyes de transferencia de competencias, entre otras. La falta de control por parte del Poder Judicial ha hecho que la locura expansionista del nacionalismo quede legitimada creando una estructura que supera los conceptos de Estado federal y confederal.

Si a esto le sumamos la financiación con cargo a los Presupuestos Generales del Estado de partidos políticos, sindicatos y patronal, y un sector financiero que se alimenta del apoyo del Estado, nos encontramos con una estructura que nos aboca al abismo.

Es obvio que la transición de 1978, a ojos del común de los ciudadanos, ha fracasado, pero por contra, a ojos de aquellos que la impulsaron desde fuera de nuestras fronteras y desde el mismo seno de nuestra Nación, ha triunfado. Debido a las aspiraciones de nacionalistas y de las fuerzas externas, así como, a la pasividad tibia de los que buscaban comodidad en el sistema, tenemos como consecuencia la ruptura del orden constitucional y por ende de España. Los máximos responsables de esta situación son, por un lado los partidos nacionalistas, PNV, ERC, CIU y por otro lado ETA haciéndose acompañar por el PSOE, que nunca creyó en España.

El “desafío de ETA” denominado “proceso de paz”es la culminación de la aniquilación y ruptura de España tal y como lo explica el eurodiputado y ex Ministro del Interior de España, Don Jaime Mayor Oreja, en una entrevista concedida a el periodista y escritor Don Cesar Alonso de los Ríos donde se refiere al proyecto plurinacional que comparten PSOE y ETA como un nuevo modelo de Estado y la desaparición de la Nación Española.

“Curiosamente un objetivo tan destructor se ampara en el buenismo que se da a entender con la expresión de “la España plural”. Es, sencillamente, la propuesta de una España irreconocible, desde el punto de vista territorial pero también desde el punto de vista de los valores. Es el intento de una “Segunda Transición”. Al llamarla así quiero destacar las críticas que las izquierdas suelen hacer a las fórmulas de consenso que se aplicaron en la “primera”.

Lejos queda el espíritu de consenso y de supuesta unión de la Transición Española culminada con la aprobación del actual y vigente Texto Constitucional de 1978 que las fuerzas tanto internas como externas, separatistas y aniquiladoras de España quieren fulminar. Y es aquí donde cabe preguntarse ¿será la“Segunda Transición” un bumerán en manos de los separatistas? ¿será el “desafío separatista de ETA” un bastón arrojadizo que regresará al lanzador aturdiéndolo en el retorno al punto de lanzamiento?

 Vir R. Gómez

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