miércoles, 25 de abril de 2012

Respuesta de Francisco Caja: "Auto de fe"



Escribía Bartolomé de las Casas, Obispo de Chiapa, en el año 1542: «Desorden y gran pecado mortal es echar a un niño en el pozo por bautizarlo y salvarle el ánima, supuesto que por echarlo ha de morir, y que no hay agua fuera ni con qué sacarla, por la dicha regla: Quia non sunt facienda mala ut eveniant bona.[Porque no deben hacerse males para que sucedan bienes].» Aplíquense el cuento los defienden la ”inmersión” lingüística. Es antidemocrático privarle a un niño su libertad lingüística, el derecho a recibir una enseñanza bilingüe que la Constitución y los Tribunales le reconocen para hacerlo un “verdadero catalán”. El nacionalismo es una pseudo-religión y la “inmersión” selectiva de los castellanohablantes (los catalanohablantes no son inmersionados sino que reciben la enseñanza la enseñanza en lengua materna) una forma de conversión de los que tienen la “tacha” de ser castellanohablantes: hay que expulsar de su interior el demonio español que habla castellano.

Sí, en efecto, los nacionalistas han convertido las escuelas en Cataluña en correccionales lingüísticos. Y si les parece demasiado fuerte esta calificación, ahí va esta otra: la inmersión lingüística ha convertido las escuelas en Cataluña en el lugar de una permanente tortura spritualis, en un auto de fe permanente en el que los escolares deben hacer declaración pública de su sometimiento a la ley de la lengua, a la lengua verdadera. La confesionalidad lingüística del poder político es tan contraria a la libertad lingüística como la confesionalidad religiosa a la libertad religiosa.

Sostener esto públicamente, es decir, la necesidad de que en una democracia la Constitución, la ley y las resoluciones de los Tribunales se acaten, te convierte en un disidente, en un enemigo de Cataluña. En el colmo de fervor patriótico los integristas de la lengua han acusado a Convivencia Cívica Catalana de “incitación al odio” por reivindicar el bilingüismo en las escuelas; un diario virtual, por supuesto subvencionado por el gobierno catalán me llama el “Radovan Karadjic de Espanya”, y aquellos integristas al tiempo que solicitan al Fiscal especial de delitos de odio que intervenga por un delito de "incitació a l'odi contra el poble de Catalunya i la seva única llengua pròpia" por el acto de pasado sábado en el teatro Goya en defensa del bilingüismo en las escuelas, acusan a los Tribunales de patrocinar el «el genocidi lingüístic i cultural de Catalunya com acabem de veure darrerament amb la suspensió del reglament d'usos lingüístics de l'Ajuntament de Barcelona».

No son estos simplemente delirios de cuatro energúmenos. Estas palabras muestran de manera ejemplar la estructura mental de lo que se ha llamado el “victimismo” de los nacionalistas. De manera magistral la mostró el inmortal Miguel Gila en una de sus viñetas: «No le des más puñaladas hombre», le espeta un transeúnte a un individuo que apuñala con ensañamiento a un pobre hombre indefenso en plena calle, y el agresor le responde. «Pues que deje de llamarme asesino”. Como siempre la víctima es convertida en verdugo.

Francisco Caja
Presidente de Convivencia Cívica Catalana.

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