sábado, 17 de marzo de 2012

El Nacionalismo tiene prisa



Por Guillermo Brunet


Antes de ayer leí un breve artículo de Hermann Tertsch a propósito de la reciente insumisión fiscal del ayuntamiento de Gerona, en el que analizaba por qué el nacionalismo catalán, antaño “tan moderado”, se había lanzado a una ofensiva reivindicativa e independentista como nunca antes lo había hecho. Una de sus conclusiones me llamó la atención: los nacionalistas tienen prisa por tratar de llegar cuanto antes a un camino de no retorno, las circunstancias actuales han cambiado el marco en el que se movían las relaciones entre los partidos y entre los ciudadanos y este nuevo entorno no es favorable para los nacionalistas. Es por eso que para el nacionalismo es urgente avanzar ahora lo máximo posible, antes de llegar al punto de inflexión.

Desde que tenemos democracia el estado autonómico no ha parado de avanzar, y aquéllas reivindicaciones iniciales han quedado ampliamente superadas, sobretodo en comunidades como en Cataluña; por ejemplo, de la reivindicación a educar a los hijos en su lengua materna se ha pasado a la imposición lingüística, se tiene parlamento, policía propia, embajadas en el extranjero y un amplísimo elenco de competencias ya sean propias o usurpadas que no tienen ni los estados más descentralizados del mundo.  Llegados a este punto ya quedan pocas competencias que separen a Cataluña de la independencia, pero a pesar de todo, el gobierno nacionalista catalán ha impulsado un proceso de insumisión y enfrentamiento con el estado ¿Qué está pasando?

Primero creo que la ideología nacionalista ya no da más de sí, los partidos llamados nacionalistas son en realidad partidos secesionistas, ya que su única razón de ser es la constante reivindicación, no hay otra, ya que dejarían de tener sentido una vez que hubieran conseguido sus objetivos. Teóricamente Convergència i Unió ya los ha conseguido muchas veces, pero siempre aparecen nuevos, porque necesita reivindicar y hacer sentirse víctimas a sus votantes para obtener su apoyo sentimental. La otra arma es la amenaza al estado: si no me mejoras las competencias, o me das más dinero, amenazo con la insumisión y la secesión. Así pues juega a ser víctima en Cataluña y a ser “el chulo” con el estado central.

Y en segundo lugar creo que la manera en que los ciudadanos interactúan en la política está empezando a cambiar por primera vez desde hace 70 años. La crisis económica actual está abriendo los ojos a mucha gente. Hasta ahora en España, los ciudadanos veían al estado sólo como un proveedor de bienes y servicios y que además se percibían como gratuitos. Esta mentalidad creo que sigue siendo mayoritaria entre los ciudadanos, y en todo caso es totalmente mayoritaria entre la clase política, a la que le interesa que esta visión del estado permanezca. Los políticos actuales se sienten cómodos en este ambiente, ya que es la manera fácil de poder seguir manteniendo su estatus si se atienen a unas sencillas reglas de comportamiento basado en la mediocridad y el clientelismo.  Pero la crisis ha hecho que esto esté empezando a cambiar. Los ciudadanos se están empezando a plantear a qué cosas hay que renunciar si no hay dinero para mantener este gigantesco estado, y en ese análisis nos estamos empezando a dar cuenta que gran parte del despilfarro está en las comunidades autónomas. Y no sólo eso, sino que además muchos ciudadanos nos estamos planteando si tienen sentido muchos de los traspasos de competencias hacia las comunidades autónomas y muchas de las instituciones y organismos duplicados entre el estado y las comunidades autónomas.

El nacionalismo empieza a ver una actitud en toda España favorable a lo que ellos llaman “regresión” del estado autonómico y que en realidad no es más que una racionalización del mismo. El nacionalismo por primera vez siente temor a que los “políticos de Madrid” empiecen a sentir la presión de sus votantes y les obliguen a tomar medidas que supongan devolución de algunas competencias o limitación del ejercicio de otras. El nacionalismo teme que una de sus estrategias de acción, la amenaza, empiece a ser inefectiva  ante los políticos de los partidos nacionales por la presión de los votantes de fuera de Cataluña. Es por ello que al nacionalismo le urge avanzar, le urge una escapada hacia adelante, debe llegar a su meta ahora, porque si no, puede ser demasiado tarde. Ahora todavía su amenaza surte efecto pero cada vez cuesta más, ya muchos no se callan ante la imposición lingüística, cada vez hay más gente en Cataluña que habla claro y eso es fundamental para resquebrajar el miedo, cada vez hay más gente en el resto de España que no entiende el irracional gasto de las autonomías, por eso a los nacionalistas ya no les es suficiente con pedir más dinero y piden una hacienda propia; ya no  piden respeto a la justicia, incumplen sus sentencias; ya no piden ser escuchados, piden autodeterminación y ya no piden “seny” piden insumisión.  

Pero quienes no somos nacionalistas debemos aguantar el envite. Somos más y con más razones, si nos dejamos quitar el bocadillo hoy por el miedo al matón de la clase, nos lo van a quitar todos los días. Ellos ya tienen su bocadillo de butifarra, pero no están contentos, se quieren también llevar el jamón del nuestro. Cada día hay más gente que se está dando cuenta de los excesos del nacionalismo, pero una parte importante de la lucha está fuera de Cataluña. La lucha no está en convencer al nacionalismo ya que está en su naturaleza amenazar fuera y hacerse la víctima dentro, la lucha está en convencer a los políticos del resto de España para que no cedan al chantaje. Y cada día hay más que han abierto los ojos  y esa es una razón por la que los nacionalistas deben amenazar más fuerte, para evitar que lo que piensa la mayoría de los españoles también se traslade a la clase política española.

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