lunes, 6 de febrero de 2012

La campaña de exterminio del español en la escuela catalana

El 6 de diciembre de 1978 se aprueba la Constitución. La nueva norma establece que todos los españoles tienen el deber de conocer el español y el derecho a usarlo. Asimismo reconoce al catalán la categoría de lengua co-oficial. En ese momento en Cataluña la educación pública era exclusivamente en español. Hoy la única lengua vehicular es el catalán. ¿Cómo hemos llegado a esta situación?.

En 1979 se redacta el Estatuto de Autonomía donde por primera vez se refiere al catalán como la lengua propia de Cataluña, dando a entender que el español es la lengua impropia o extanjera. Además, era un concepto absurdo, ya que las regiones no hablan. No tiene sentido hablar de la lengua propia de Cataluña, porque ni los ríos, ni los montes, ni las piedras tienen la capacidad de comunicarse, y por lo tanto las regiones no pueden tener una lengua propia. Pero en aquel entonces y con la euforia de la democracia, nadie parecía darse cuenta de la intencionalidad de los legisladores.  A partir de aquel momento, las fuerzas políticas nacionalistas empezaron a trabajar en el proyecto de ley de normalización del uso del catalán, con la clara intención de expulsar al español de la vida pública catalana. Todo parecía ir sobre ruedas para estos aprendices en ingeniería social. Pero en 1981 sucedió lo que nadie esperaba.

Un grupo de intelectuales provinientes de la izquierda, redactaron el Manifiesto de los 2,300. Los firmantes, encabezados por Amando de Miguel y Federico Jiménez Losantos, denunciaban “el manifiesto propósito de convertir el catalán en la única lengua oficial de Cataluña”. Llama la atención la profética visión de aquellos intelectuales, sobre todo en lo que se refiere a la educación: “De llevarse adelante el proyecto de implantar progresivamente la enseñanza sólo en catalán, los hijos de los emigrantes se verán gravemente discriminados y en desigualdad de oportunidades con relación a los catalanoparlantes. Esto supondrá, además, y como siempre se ha dicho, un «trauma» cuya consecuencia más inmediata es la pérdida de la fluidez verbal y una menor capacidad de abstracción y comprensión”. La violenta reacción de los medios políticos catalanistas, así como de casi toda la prensa, la radio y la televisión no se hizo esperar tildando a los firmantes de fascistas y mentirosos. Jordi Pujol no estaba dispuesto a consentir que un grupo de eruditos le fastidiasen su proyecto de ingeniería social.

En 1983, se aprueba la Ley de normalización lingüística. Otra vez nos encontramos con el enrevesado uso del lenguaje al llamar ”normalización” a lo que en realidad es una imposición, dando a entender que el uso del español en Cataluña es algo anormal. La ley estaba redactada con un rancio estilo patriótico. Si se sustituyen las palabras  lengua  por raza y catalana por aria, dicha norma podría haber aparecido en la Alemania de los años treinta. “La lengua catalana, elemento fundamental de la formación de Catalunya. ha sido siempre su lengua propia. como instrumento natural de comunicación y como expresión y símbolo de una unidad cultural con profundo arraigamiento histórico”, afirma la ley en su primera frase. En lo que atañe a la educación, la ley afirma que  “el catalán, como lengua propia de Catalunya, lo es también de la enseñanza en todos los niveles educativos”. Además se especificaba que la Generalidad tomaría las medidas convenientes para que “los alumnos no sean separados en centros distintos por razones de lengua”. O sea que daba igual que el 99% de los padres prefiriesen el español como lengua vehicular, la estrategia consistía en decir que querían evitar la segregación, cuando en realidad lo que se buscaba era la erradicación del español. A partir de este momento la imposición del catalán en los colegios públicos se hizo oficial y nadie se atrevió a mover un músculo para oponerse, ya que el linchamiento al que se  sometió a los firmantes del “Manifiesto de los 2,300” había servido para mostrar a periodistas e intelectuales que la oposición al régimen nacionalista se pagaba con el ostracismo. Curiosamente un año después de semejante atropello, el periódico ABC eligió a Jordi Pujol español del año.

Quince años más tarde se promulga la ley de Política Lingüística, cuya única misión es la de profundizar en la campaña de exterminio del español de la vida pública catalana.  En cuanto a la enseñanza, se añaden a las coletillas anteriores las palabras “normalmente” y “vehicular” para ganar terreno en el proceso impositivo: “El catalán debe utilizarse normalmente como lengua vehicular y de aprendizaje en la enseñanza no universitaria”. También se establecía que los niños “tienen derecho a recibir la primera enseñanza en su lengua habitual, ya sea ésta el catalán o el castellano”, aunque se añadía a continuación que la garante de ese derecho era la Generalidad. Eso es equivalente a decir que las gallinas tienen derecho a la vida y se nombra a la zorra como garante de ese derecho. No ha habido ni un solo caso en el que un niño haya recibido la enseñanza primaria en español. La manera como se ha aplicado esta norma es la siguiente: Si un padre exije a la escuela que su hijo sea educado en español, la maestra se dirigirá al chaval en castellano y al resto de la clase en catalán. Obviamente, los padres no han querido ejercer este derecho porque representa una clara discriminación.

En 2006 el tripartito catalán redactó un nuevo Estatuto de Autonomía que representaba un paso más en la aniquilación del español en las instituciones y la vida pública catalanas. En la cuestión educativa, ahora se exigía tambíen el catalán en la educación universitaria: “El catalán debe utilizarse normalmente como lengua vehicular y de aprendizaje en la enseñanza universitaria y en la no universitaria”. Para entonces el español ya había desaparecido de las aulas  públicas, pero se trataba de elevar la imposición a la categoría de ley orgánica, es decir una ley muy difícil de modificar porque se necesita una mayoría en el congreso del 60%.

La política de exterminio del español ha sido sinuosa y basada en el miedo y el engaño. Por otra parte ha sido tremendamente eficaz, aunque una sentencia en firme del Tribunal Supremo exije a la Generalidad que garantice el bilingüismo en la educación pública, pero esa historia la dejamos para la semana que viene.

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