martes, 17 de enero de 2012

Televisiones esenciales, hospitales prescindibles.




Guillermo Brunet

La vicepresidenta del gobierno Soraya Sáenz de Santamaría anunció el pasado viernes tras el consejo de ministros que el gobierno aprobará en breve un anteproyecto de Ley de Comunicación Audiovisual sobre canales públicos autonómicos que abrirá la posibilidad de la gestión privada de las televisiones autonómicas e incluso la posibilidad de cerrar estos entes autonómicos, aunque eso sí, preservando el mantener el servicio público que desempeñan.

Y yo me pregunto: ¿Qué servicio público desempeñan los canales autonómicos? Los políticos siempre hablan de “servicio público” cuando quieren gastar en algo que les sirve sólo a ellos o a un sector de votantes cuyos votos desean obtener. ¿Qué servicio público esencial me ofrece un canal autonómico público que no me ofrezca una televisión privada? Y en cualquier caso, ¿Es más importante este servicio público que otros como la sanidad?.

En Cataluña la televisión autonómica pública sólo es un medio que tiene el nacionalismo para imponernos su modelo de sociedad y su ideología excluyente. ¿Es eso un servicio público? Eso es un servicio a un determinado público, a costa de los impuestos de quienes no lo queremos pagar. No puedo entender cómo se puede justificar cerrar determinados servicios sanitarios y en cambio tener dinero para pagar el entretenimiento y la información amiga del público nacionalista. Es muy posible que una persona que necesite ir al hospital no tenga recursos para pagar esos mismos servicios en la medicina privada, pero lo que sí es seguro es que todo el mundo, incluido los nacionalistas pueden acceder a otras televisiones para entretenerse. ¿Por qué la sociedad, incluido el gobierno, ha aceptado el principio nacionalista que la televisión autonómica es un servicio esencial? No es esencial, incluso ahora es algo totalmente inútil, algo que sólo sirve para el mantenimiento de la ideología nacionalista y que retrae recursos que necesitamos para mantener otros servicios que sí que son esenciales.

Nuestro dinero no está para mantener el nacionalismo catalán ni ningún otro, no está para mantener ningún regionalismo ni provincianismo, Tenemos que empezar a definir qué es servicio público. Una televisión no es un servicio público. Tampoco una subvención es servicio público, es solo dinero gratis para quienes se doblegan a las condiciones de quien se las otorga, que es el gobierno de turno. Televisiones públicas y subvenciones sólo son instrumentos de quienes quieren manejar a la sociedad y por lo tanto un enemigo de quienes queremos ser libres.

Podríamos discutir si cada autonomía debe decidir como usar su dinero, pero el gobierno de la nación tiene una gran responsabilidad. Las transferencias de dinero del estado para las competencias que no son exclusivas de las comunidades autónomas son para ser utilizadas en esas competencias y no se debe permitir que ni un solo euro se destine a los caprichos de los gobiernos regionales ni a la construcción de pequeños estados dentro de España. El gobierno de España no puede aceptar que el gobierno nacionalista de Cataluña quiera mantener embajadas, subvenciones o televisiones a costa de recortar en otros gastos más importantes y le debe exigir que deje de gastar en identidad mientras haya necesidad.

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