domingo, 30 de enero de 2011

Albert Rivera entrevistado por Dieter Brandau, Pepe García Domínguez y David Gistau

Dieter Brandau, Pepe García Domínguez y David Gistau comentan las quemas de iconos del rey en la universidad de Barcelona por parte de los nacionalistas. Más tarde se añade Albert Rivera que comenta las amenezas recibidas por parte de los nacionalistas radicales. El vídeo es de 04/10/07.

sábado, 29 de enero de 2011

NACIÓN, AZAR Y DESTINO

Extraordinario artículo de Alejo Vidal-Quadras publicado en la Revista Chesterton, 8.11.07. Realmente merece la pena:

En el debate sobre el nacionalismo identitario, es frecuente que los opuestos a los particularismos esencialistas realicen un gran esfuerzo de investigación histórica para poner de manifiesto las muchas falsedades e invenciones que los fabricantes de naciones utilizan con el fin de dibujar un pasado a la medida de sus actuales intereses estratégicos. Algunos trabajos en este campo han sido realmente notables, como Otra Historia de Cataluña de Marcelo Capdeferro, Adiós, España de Jesús Laínz o El bucle melancólico de Jon Juaristi. En este terreno, la capacidad imaginativa y la falta de escrúpulos intelectuales de los nacionalistas no tienen límites y en no pocas ocasiones entran sin remisión en el ridículo. Así, por ejemplo, cuando Enric Prat de la Riba, el padre y primer teorizador sistemático del nacionalismo catalán, en su obra La Nacionalitat Catalana, pretende que Cataluña ya existía como nación en tiempos del Imperio Romano y que se hallaba oprimida por aquél, y que al desmoronarse el poder de los Césares “salieron a la luz de la historia los viejos pueblos soterrados, cada uno hablando su lengua, y la vieja etnos ibérica, la primera, hizo resonar los acentos de la lengua catalana desde Murcia a la Provenza, desde el Mediterráneo hasta el mar de Aquitania...”, alcanza auténticas cimas del despropósito. Lo mismo se puede afirmar de los delirios de Sabino Arana sobre la desnaturalización del verdadero espíritu vasco al aparecer la institución del Señorío, que unió hace mil años Vasconia a Castilla con un vínculo tan fuerte que, de hecho, los vascos jugaron a partir de entonces un papel protagonista en todas las grandes empresas castellanas y en la administración de los dominios de la corona española. Su afirmación de que lo auténticamente vasco cristalizó en las legendarias pequeñas repúblicas democráticas, libres e independientes, que, según sus oníricos desvaríos, se constituyeron en los valles euskèricos desde tiempos inmemoriales hasta que la perversa influencia foránea las hizo desaparecer, es otra muestra de cómo el imaginario nacionalista se proyecta retroactivamente en sus ensoñaciones gratuitas. Y qué decir de las fábulas de Fichte sobre los antiguos germanos y su heroica resistencia antirromana, que en su visión de la nación alemana eterna y excelsa entroncaban directamente con los alemanes de mediados del siglo XIX, hablantes de la misma lengua pura y primordial y portadores inconscientes de los mismos valores y virtudes, sencillez, valor, austeridad y comunión con la naturaleza, esquema moral perdido bajo el influjo maligno de lo francés, fuente de todos los males y de todos los amaneramientos femeniles, incompatibles con la reciedumbre primigenia de los fornidos pobladores del lado oriental del Rin.

Ahora bien, tal como ha señalado muy acertadamente Alfredo Cruz en su análisis del nacionalismo como ideología, la crítica a la doctrina nacionalista realizada a partir de la carencia de fundamento y de la inconsistencia de sus mitos y leyendas encierra el peligro de transformarse en la defensa de un nacionalismo de otra clase, además de no dañar las bases de la interpretación nacionalista de la Historia y de la sociedad. La principal debilidad del nacionalismo no estriba en que su relato sobre los acontecimientos pretéritos sea objetiva y demostradamente falso porque la reivindicación de la verdad sobre lo sucedido siglos atrás, aunque contribuye a desenmascarar sus mentiras, deja incólume el núcleo de su montaje argumental, a saber, la existencia de una identidad colectiva permanente en el tiempo erigida en nivel supremo de la escala axiológica, al que todos los demás valores y derechos se han de supeditar. El ataque definitivo al nacionalismo de corte etnicista ha de denunciar su trampa más artera e ilegítima, que consiste en proyectar el presente sobre el pasado en aras a asegurar su triunfo político futuro. Ese es el atentado contra la lógica que los nacionalistas perpetran descaradamente y que hay que rechazar con la contundencia necesaria para neutralizar sus efectos engañosos. La trampa está hábilmente armada y no es extraño que tantas gentes de buena fe hayan caído y caigan cada día en ella.

Si la nación es una entidad que atraviesa el tiempo incólume y que a partir de sus etapas fundacionales ya no experimenta transformación alguna, sus rasgos definitorios, lengua, raza, religión, cultura, paisaje, adquieren un papel instrumental y secundario. Devienen emanaciones del espíritu nacional, del alma insondable del pueblo, de una fuerza telúrica y misteriosa que es la que crea las leyes, el idioma, los símbolos y los hábitos de vida. Se produce así una inversión en la génesis de la identidad nacional por la cual no son los caracteres tangibles de un determinado colectivo humano los que dibujan el perfil de la nación, sino que es la propia nación, esencia inmaterial, sagrada y arcana, la que crea con su estro inspirador estas características observables e implacablemente diferenciales.

Obviamente, la fecha que señala el alumbramiento de la nación es elegida arbitrariamente por los arquitectos de su supuesta realidad, que a la hora de disparar el pistoletazo de salida de su camino radiante hacia el porvenir lo hacen desde la perspectiva de sus circunstancias, objetivos y planteamientos de hoy, con lo que el pasado es recreado por el presente y se instala el reino del absurdo. En efecto, si la nación fue gestada mediante un cierto proceso histórico de duración mesurable, ¿quién y con qué motivos decreta que todos los acontecimientos siguientes no aportan nada al ser nacional, que ha quedado completamente configurado y ya no admite nuevos componentes? La política adquiere de esta forma tintes metafísicos y la historia se petrifica en un determinismo asfixiante.

Benedict Anderson, en su celebrada obra Comunidades imaginadas: reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo, expresa esta maniobra de prestidigitación que extrae el pasado de la chistera del presente con una frase magistral: “La magia del nacionalismo convierte el azar en destino”. En manos de los nacionalistas la trayectoria de las colectividades humanas no admite bifurcaciones ni alternativas, en cada coyuntura histórica las opciones desaparecen y sólo hay un único desenlace posible, el que los ideólogos de la identidad han postulado con carácter retroactivo encaramados a su atalaya desde la que se construye el futuro y se reconstruye el pasado. El nacionalismo, doctrina totalitaria y laminadora de las libertades civiles y políticas, sacrifica a placer derechos individuales en el ara de la abstracción tribal, pero su máximo refinamiento en su tarea uniformizadora de lo diverso y aniquiladora del pluralismo, lo alcanza en su lectura a posteriori de la memoria depositada en archivos, crónicas y monumentos, violentándola y retorciéndola hasta que cuente las trolas que fuercen a la realidad actual a evolucionar en la dirección que conviene a sus fines. La Historia, maestra de la vida, se momifica en biografía de una nación insoslayable y antropomórfica, en descripción lineal y dogmática de los avatares de un ente exigente y caprichoso en continua confrontación con enemigos inextinguibles, que engulle voraz a las personas,arrebatándoles su espontaneidad, su dignidad y su albedrío.

jueves, 27 de enero de 2011

Entrevista a Pablo Yáñez, presidente de la ANLL

César Vidal entrevista a Pablo Yáñez, Presidente de la Asociación Nacional para la libertad lingüística. - 13/04/10

lunes, 24 de enero de 2011

Manifiesto de los 2.300, 30 años después

El 25 de enero de 1981 un grupo de profesores, escritores e intelectuales dieron a conocer un manifiesto respaldado, inicialmente, por 2.300 firmas. Denunciaban entonces "el manifiesto propósito de convertir el catalán en la única lengua oficial de Cataluña". Terra Lluire, el brazo armado del nacionalismo catalán, le disparó un tiro en la pierna a Federico Jiménez Losantos al considerarlo el impulsor del manifiesto. Federico Jiménez Losantos se vio obligado a cambiar su domicilio marchándose de Cataluña y padece desde entonces una cojera crónica.

He aquí el manifiesto:
Barcelona, 25 de enero de 1981.

Los abajo firmantes, intelectuales y profesionales que viven y trabajan en Cataluña, conscientes de nuestra responsabilidad social, queremos hacer saber a la opinión pública las razones de nuestra profunda preocupación por la situación cultural y lingüística de Cataluña. Llamamos a todos los ciudadanos demócratas para que suscriban, apoyen o difundan este manifiesto, que no busca otro fin que restaurar un ambiente de libertad, tolerancia y respeto entre todos los ciudadanos de Cataluña, contrarrestando la tendencia actual hacia la intransigencia y el enfrentamiento entre comunidades, lo que puede provocar, de no corregirse, un proceso irreversible en el que la democracia y la paz social se vean gravemente amenazadas.

No nace nuestra preocupación de posiciones o prejuicios anticatalanes, sino del profundo conocimiento de hechos que vienen sucediéndose desde hace unos años, en que derechos tales como los referentes al uso público y oficial del castellano, a recibir la enseñanza en la lengua materna o a no ser discriminado por razones de lengua (derechos reconocidos por el espíritu y la letra de la Constitución y el Estatuto de Autonomía), están siendo despreciados, no sólo por personas o grupos particulares, sino por los mismos poderes públicos sin que el Gobierno central o los partidos políticos parezcan dar importancia a este hecho gravísimamente antidemocrático, por provenir precisamente de instituciones que no tienen otra razón de ser que la de salvaguardar los derechos de los ciudadanos.

No hay, en efecto, ninguna razón democrática que justifique el manifiesto propósito de convertir el catalán en la única lengua oficial de Cataluña, tal como lo muestran, por ejemplo, los siguientes hechos: presentación de comunicados y documentos de la Generalidad exclusivamente en catalán; uso casi exclusivo del catalán en reuniones oficiales, con desprecio público del uso del castellano, como ha ocurrido en el mismo Parlamento Catalán, en el que un parlamentario abandona ostensiblemente airado la sala en cuanto alguien hablaba en castellano; nuevas rotulaciones públicas exclusivamente en catalán; declaraciones de organismos oficiales y de responsables de cargos públicos que tienden a crear confusión y malestar entre la población castellanohablante, como las recientes del Colegio de Doctores y Licenciados de Cataluña y otras emanadas de responsables de las Consejerías de Cultura y Educación de la Generalidad; proyectos de leyes, como el de «normalización del uso del catalán», tendentes a consagrar la oficialidad exclusiva del catalán a corto o medio plazo, etc.

Partiendo de una lectura abusiva y parcial del artículo 3 del Estatuto, que habla del catalán como «lengua propia de Cataluña» -afirmación de carácter general y no jurídico-, se quiere invalidar el principio jurídico que el mismo articulado define a renglón seguido al afirmar que el castellano es también lengua oficial de Cataluña. No podemos aceptar su desaparición de la esfera oficial, sencillamente porque la mitad de la población de Cataluña tiene como lengua propia el castellano y se sentiría injustamente discriminada si las instituciones no reconocieran -de hecho- la oficialidad de su lengua. El principio de cooficialidad, pensamos, es jurídicamente muy claro y no supone ninguna lesión del derecho a la oficialidad del catalán, derecho que todos nosotros defendemos hoy igual que hemos defendido en otro tiempo, y acaso con más voluntad que muchos de los personajes públicos que ahora alardean de catalanistas.

No nos preocupa menos contemplar la situación cultural de Cataluña, abocada cada día más al empobrecimiento, de continuarse aplicando la política actual tendente a proteger casi exclusivamente las manifestaciones culturales hechas en catalán, como lo mostraría una relación de las ayudas económicas otorgadas a instituciones oficiales o particulares, grupos de teatro, revistas, organización de actos públicos, jornadas, conferencias, etc. La cultura en castellano empieza a carecer de medios económicos e institucionales no ya para desarrollarse, sino para sobrevivir. Esta marginación cultural se agrava si pensamos que la mayoría de la población castellanohablante está concentrada en zonas urbanísticamente degradadas, donde no existen las más mínimas condiciones sociales, materiales e institucionales que posibiliten el desarrollo de su cultura.

Resulta en este sentido sorprendente la idea, de claras connotaciones racistas, que altos cargos de la Generalidad repiten últimamente para justificar el intento de sustitución del castellano por el catalán como lengua escolar de los hijos de los emigrantes. Se dice sin reparo que esto no supone ningún atropello, porque los emigrantes «no tienen cultura» y ganan mucho sus hijos pudiendo acceder a alguna. Sólo una malévola ignorancia puede desconocer que todos los grupos emigrantes de Cataluña proceden de solares históricos cuya tradición cultural en nada, ciertamente, tiene que envidiar a la tradición cultural catalana, si más no, porque durante muchos siglos han caminado juntas construyendo un patrimonio cultural e histórico común.

Que una desgraciada situación económica y social obligue a ciento de miles de familias a dejar su tierra, es ya lo bastante grave como para que, además, quiera acentuarse su despojo con la pérdida de su identidad cultural. Cuando esta situación se da, cumple a la sociedad el remediar en los hijos la injusticia cometida con sus padres. Nadie, sea cual sea su origen, nace culto, pero todos nacen con el inalienable derecho a heredar y acrecentar la cultura que sus padres tuvieron o debieron tener. Nadie nace con una lengua, pero todos tienen derecho a acceder a la cultura mediante ese vínculo afectivo que une al niño con sus padres y que, además, comporta toda una visión del mundo: su lengua. Que este principio pedagógico elemental tenga que ser hoy reivindicado en Cataluña prueba nuevamente la gravedad de la situación.

Resulta, por tanto, insostenible la torpe maniobra de pretender que esa inmensa mayoría de emigrantes, que comparte la lengua castellana, no forma una comunidad lingüística y cultural, sino que sólo posee retazos de culturas diversas reducidas a folklore. Que digan esto los mismos y razonables defensores de la unidad idiomática de Cataluña, Valencia y Baleares -unidad si acaso, menor que la de las diversas hablas del castellano- resultaría risible si la intención no fuera disgregar esa conciencia cultural común. ¿Habrá que recordar que pertenecemos a una comunidad lingüística y cultural de cientos de millones de personas y que la lengua de Cervantes, en la actualidad, no es ya el viejo romance castellano, sino el fruto de aportaciones de todos los pueblos hispánicos? ¿En virtud de qué principio puede negarse a los hijos de los emigrantes de cualquier lugar de España el acceso directo a esa lengua y a ese patrimonio cultural? ¿Acaso en nombre del mismo despotismo que pretendió borrar de esta misma tierra una lengua y una cultura milenarias? La historia prueba que esto fracasa.

No parece, por tanto, que la integración que se busca pretenda otra cosa que la sustitución de una lengua por otra, sustitución que ha de realizarse «de grado o por fuerza», como se empieza a decir, mediante la persuasión, la coacción o la imposición según los casos, procurando, eso sí, que el proceso sea «voluntariamente aceptado» por la mayoría. Se dice que la coexistencia de dos lenguas en un mismo territorio es imposible y que, por tanto, una debe imponerse a la otra; principio éste no sólo contrario a la experiencia cotidiana de la mayoría de los ciudadanos de Cataluña -que aceptan de forma espontánea la coexistencia de las dos lenguas-, sino que, de ser cierto, legitimaría el genocidio cultural de cerca de tres millones de personas.

Se suele presentar en contra de las afirmaciones dichas hasta aquí, el hecho conocido de que gran parte de los medios de comunicación (cine, televisión, prensa), siguen expresándose en castellano, por lo que esta lengua no corre ningún peligro. No creemos que pueda ser negativo el que existan medios de comunicación que se expresen en castellano; si acaso, sería deseable que su castellano fuera mejor y que no informaran tan poco y tan mal sobre la comunidad de lengua castellana y sus problemas. Lo único negativo sería que no se crearan otros tantos medios, o más, de expresión en catalán.

Por otra parte, de esta falta de medios de comunicación en catalán no son responsables los castellanohablantes. Póngase remedio a esta situación en sentido positivo, construyendo y desarrollando la lengua y cultura catalanas, y no intentando empobrecer y desprestigiar la lengua castellana. Se evidencia cierta falta de honestidad para afrontar las verdaderas causas lingüísticas, culturales y políticas que puedan impedir el desarrollo de la cultura catalana en este intento de culpabilizar a los castellanohablantes de la situación por la que atraviesa la lengua catalana. Hay, por ejemplo, razones comerciales evidentes a las que nunca se alude y cuya responsabilidad no recae precisamente en los no catalanes.

No podemos pasar por alto en este análisis la situación de la enseñanza y los enseñantes. El ambiente de malestar creado por los decretos de traspasos de funcionarios ha puesto de manifiesto una problemática a la que ni el Gobierno central ni el Gobierno de la Generalidad quieren dar una respuesta seria y responsable. No se quiere reconocer la existencia de dos lenguas en igualdad de derechos y que, por tanto, la enseñanza ha de organizarse respetando esta realidad social biling|e, mediante la aplicación estricta del derecho inalienable a recibir la enseñanza en la propia lengua materna en todos los niveles. El derecho a recibir la enseñanza en la lengua materna castellana ya empieza hoy a no ser respetado y a ser públicamente contestado, como si no fuera este derecho el mismo que se ha esgrimido durante años para pedir, con toda justicia, una enseñanza en catalán para los catalanoparlantes.

De llevarse adelante el proyecto de implantar progresivamente la enseñanza sólo en catalán -no del catalán, que indudablemente sí defendemos-, los hijos de los emigrantes se verán gravemente discriminados y en desigualdad de oportunidades con relación a los catalanoparlantes. Esto supondrá, además, y como siempre se ha dicho, un «trauma» cuya consecuencia más inmediata es la pérdida de la fluidez verbal y una menor capacidad de abstracción y comprensión.

Se intenta defender la enseñanza exclusivamente en catalán con el argumento falaz de que, en caso de que se respetara también la enseñanza en castellano, se fomentaría la existencia de dos comunidades enfrentadas. Falaz es el argumento porque el proyecto de una enseñanza sólo en catalán puede ser acusado -y con mayor razón- de provocar esos enfrentamientos que se dice querer evitar. Se quiere ignorar, por otra parte, que actualmente ya existe esa doble enseñanza en castellano y catalán, para demostrar lo cual bastaría hacer una estadística de los colegios en los que se dan clases exclusivamente en catalán y aquéllos en los que se sigue dando en castellano. Mayor causa de enfrentamientos será, indudablemente, que se respeten los derechos lingüísticos de unos y no los de otros.

Tampoco podrán achacarse a la coexistencia de las dos lenguas los posibles conflictos nacidos de las diferencias sociales que coinciden en gran parte con las existentes entre catalano y castellanohablantes. Desde esta perspectiva no cabe duda de que la lengua se ha convertido en un excelente instrumento para desviar legítimas reivindicaciones sociales que la burguesía catalana no quiere o no puede satisfacer, aunque la deuda que la sociedad catalana tiene para con la emigración sea inmensa y en justicia merezca mucho mejor trato. Sin embargo, en este momento de crisis el conocimiento del catalán puede ser utilizado - y ya lo está siendo-, como arma discriminatoria y como forma de orientar el paro hacia otras zonas de España. En efecto, el ambiente de presiones y de malestar creado ha originado ya una fuga considerable no sólo de enseñantes e intelectuales, sino también de trabajadores.

No es menos criticable el acoso propagandístico creado en torno a la necesidad de hablar catalán si se quiere «ser catalán» o simplemente vivir en Cataluña. Se ha pretendido con esta propaganda identificar a la clase obrera con la causa nacionalista, y aunque se ha fracasado en este empeño, la mayoría de los trabajadores se están viendo obligados a aceptar que las expectativas, no ya de promoción social, sino simplemente de que sus hijos prosperen, no pueden pasar por serlo. Se llega así a la degradante situación de avergonzarse de su origen o su lengua ante los propios hijos, a cambiarles el nombre, etc. Esta humillante situación constituye una afrenta a la dignidad humana y es hora ya de denunciarla públicamente.

Mientras no se reconozca políticamente la realidad social, cultural y lingüísticamente plural de Cataluña y no se legisle pensando en respetar escrupulosamente esta diversidad, difícilmente se podrá intentar la construcción de ninguna identidad colectiva. Cataluña, como España, ha de reconocer su diversidad si quiere organizar democráticamente la convivencia. Es preciso defender una concepción pluralista y democrática, no totalitaria, de la sociedad catalana, sobre la base de la libertad y el respeto mutuo y en la que se pueda ser catalán, vivir enraizado y amar a Cataluña, hablando castellano. Sólo así podrá empezarse a pensar en una Cataluña nueva, una Cataluña que no se vuelque egoísta e insolidariamente hacia sí misma, sino que una su esfuerzo al del resto de los pueblos de España para construir un nuevo Estado democrático que respete todas las diferencias. No queremos otra cosa, en definitiva, para Cataluña y para España, que un proyecto social democrático, común y solidario.

Firmas: Amando de Miguel, Carlos Sahagún, F.J. Losantos, José Luis Reinoso, Pedro Penalva, Esteban Pinilla de las Heras, José María Vizcay, Jesús Vicente, Santiago Trancón, Alberto Cardín y 2.300 firmas más.

domingo, 23 de enero de 2011

Es la noche de César: Nacionalismo e Islam

Debate político con José García Domínguez, Cristina Losada y Florentino Portero. 09/09/10.

jueves, 20 de enero de 2011

Imposición lingüística en Galicia

En Galicia, la imposición lingüística es muy similar a la catalana.

martes, 18 de enero de 2011

Nacionalismo, lenguas y cinismo

Muy acertado ha estado Antonio Espinosa, secretario de Acción Política de Ciudadanos, en su artículo de opinión en La voz de Barcelona:
Los nacionalistas catalanes y los catalanistas afirman que la inmersión obligatoria es el mejor sistema para que los alumnos aprendan una lengua diferente a la que tienen como lengua propia y hablan en su un entorno familiar. Si esto fuera cierto, ¿no sería un modelo generalmente practicado en todo el mundo en lugar de ser una excepción?
Para leer el artículo completo pincha aquí

lunes, 17 de enero de 2011

Ponencia en las Jornadas Bilingües

Extraordinario debate en las primeras Jornadas Bilingües organizadas por Galicia bilingüe. Intervienen Gloria Lago, Jorge Campos, Eduardo López, Pablo Espinosa.

Perded toda esperanza

Artículo de Pepe García Domínguez en ABC sobre la ineficacia de la manipulativa política lingüística:
me refiero a la dichosa inmersión lingüística preceptiva, el mayor fracaso corporativo de nuestros nanonacionalistas vernáculos. A fin de cuentas, tan verdad es que toda la población castellanoparlante por debajo de la cuarentena conoce ahora el catalán, como cierta su imperturbable fidelidad a los sonidos maternos en la vida civil. Para desolación de nacional-sociolingüistas y demás místicos del verbo patrio, he ahí, clamorosa, la definitiva impotencia de la escuela en la cruzada por mutar el idioma de sus clientes.

Para leer el artículo completo pincha aquí

domingo, 16 de enero de 2011

"Me suspenden por utilizar el español"

Natalia Santacreu, valenciana de 10 años, habla en los medios de comunicación: "Señor ministro Gabilondo me suspenden por utilizar el español en el colegio".

jueves, 13 de enero de 2011

Racismo y prepotencia en CIU

Josep Maria Vila d'Abadal, alcalde por CIU de la localidad catalana de Vic, afirma que:
Si Vic tiene que ser Vic y Cataluña tiene que ser Cataluña, los [inmigrantes] que han venido tienen que ser vicenses y catalanes. Ya sé que es muy complicado, ya sé que es muy difícil, pero les tenemos que obligar, no se lo tenemos que pedir, les tenemos que obligar. Tenemos que poner orden, tenemos que regular, tenemos que decidir a quién tenemos y les tenemos que obligar a ser de aquí. Y decir muy claramente que el que no quiera ser de aquí, no estará bien, no cabe aquí. El que no es de aquí, no cabrá aquí, este no cabrá, pero el que se convierta en catalán y se convierta en vicense, este sí cabrá, porque si no, no sacaremos adelante nuestro país.

martes, 11 de enero de 2011

Charla con Ángeles Pedraza

Muy interesante la charla con internautas publicada en ABC con Ángeles Pedraza, presidenta de la Asociación Víctimas del Terrorismo.

Aquí destaco las preguntas que más me han llamado la atención:

1. ¿Usted cree que el final de ETA, realmente supondra la llegada de la paz y la libertad al País Vasco?¿o considera como yo que la opresión sibilina y camuflada continuará campando a sus anchas?
No se si llegaría la paz, pero si desaparece una banda terrorista, se vivirá mejor en el País Vasco y en el resto de España. En cuanto a la llegada de la paz, creo que se está consiguiendo con el pacto PSE-PP, ya que ha sido importante el final del ciclo nacionalista.

5. ¿Considera que el comunicado de ayer es un truco mas para que Batasuna se pueda presentar a las elecciones?
Totalmente. Creo que era un paso más -como la manifestación del pasado sábado- en la estrategia que se está siguiendo para poder presentarse en las elecciones.

8. sinceramente, ¿usted vislumbra algun dia el final de ETA?
Si los políticos quieren, sí.

11. ¿Cree que los terroristas pueden tener alguna representación política o incluso desempeñar algún cargo público en el futuro ?
Sería una infamia. ¿Qué nos parecería ver en España una representación política de violadores y pederastas? ¿Por qué existe el debate con respecto a los terroristas? Os recuerdo que son asesinos.

15. No es mejor ceder un poco para librarnos para siempre de esta lacra?
¿Cedería usted si le hubieran matado un hijo o cualquier otro familiar? Comprendo su pregunta, pero le aseguro que cuando te ocurre lo que nos ha ocurrido a las víctimas del terrorismo, es imposible ceder.

16.¿ Cuánta credibilidad crees que tiene ETA?
Ninguna. Yo a los asesinos no le doy ninguna credibilidad. Y espero que haga lo mismo el resto de la sociedad.

17. Os fiáis de lo que haga ZP? Creéis que Batasuna llegará a las urnas?
Ya he dicho anteriormente que no me fío de nadie porque estamos escarmentados. En cuanto a sí Batasuna llega o no llega a las urnas, es la prueba de fuego del Gobierno. Espero que no tengamos que verlo.

26. Buenos días. en caso de que ocurra... ¿qué hacer con los etarras "arrepentidos" o "derrotados"?
Lo primero, que cumplan sus penas totalmente. En segundo lugar, que pidan perdón a las víctimas, algo que nunca han hecho. Y, por supuesto, que condenen su proyecto político.

Rosa Díez: "El comunicado de ETA huele a muerto"

Rosa Díez en La Cope, valora el comunicado de ETA.

lunes, 10 de enero de 2011

Los terroristas dicen lo mismo de siempre

Dieter Brandau analiza el último comunicado de alto el fuego de la banda terrorista ETA.

EL GRAN TEATRO DEL PUJOLISMO

Artículo de Alejo Vidal-Quadras,publicado en Época 09/01/2011:
El pujolismo ha vuelto al poder. En el balcón ceremonial de la plaza de Sant Jaume, cuadrilátero de piedra de nostalgias medievales en el que el nacionalismo catalán celebra sus fastos patrióticos, el anciano patriarca Jordi ha acompañado a su heredero Artur para que la multitud le aclame. Y la masa de funcionarios, cuadros de partido, pequeños comerciantes, filólogos militantes y jóvenes inflamados se ha congregado una vez más para corear consignas independentistas, para flamear banderas estrelladas, para renegar de España y para exigir su dinero, esos miles de millones que supuestamente le roban a Cataluña andaluces, extremeños y castellanos, gentes ociosas y aprovechadas que tienen la osadía de pretender que se les escolarice en la lengua oficial del Estado, mancillando así el sagrado territorio carolingio de la Marca Hispánica. La broma dura ya más de un siglo y hay que reconocer que no les ha ido mal. Dos guerras mundiales en las que España no participó, una guerra civil que la desangró, dos dictaduras que les combatieron sin piedad, una transición a la democracia, y ahí siguen voceando las mismas idioteces, exudando el mismo rencor, imaginando la misma historia falseada y empobreciendo cultural y materialmente a ese país que tanto dicen idolatrar. Desde que descubrieron a finales del XIX la tremenda eficacia movilizadora del instinto tribal, no han dejado ni un instante de explotar el invento bajo distintas siglas, elaborando variados tinglados doctrinales y siempre aprovechando magistralmente los complejos, la miopía y la ingenuidad de ese ente siniestro y torpón llamado “Madrid”. Pujol fue Español del Año, recibió alabanzas sin fin por su sentido del Estado y practicó impunemente la polisemia y el oportunismo más descarados ante las bocas abiertas de admiración de las elites de la capital del Reino. Fue el dueño de Cataluña durante prácticamente un cuarto de siglo y mangoneó todo lo que quiso en el resto de la Nación. Un maestro jugando con pardillos, un profesional manejando a aficionados. Tras el paréntesis vergonzoso del tripartito, las cosas han regresado a su sitio. Los jornaleros a sus chozas y los dueños de la masía a su mansión, en la que se habilitan unas dependencias para el PSC facción catalanista, que cubre eficazmente un flanco del negocio. Y los socialistas charnegos, los comunistas reciclados y el lumpen radical a su lugar natural, el griterío impotente. En este cuadro tan rico en tradición y rebosante de solera, es fácil imaginar las carcajadas y las chirigotas en las cenas de los mandamases convergentes al escuchar a los dirigentes del PP afirmar su carácter decisivo y reclamar carteras en el futuro gobierno. Por cierto, en el Ayuntamiento de Barcelona sucederá lo mismo, por lo que sería aconsejable que la campaña municipal de los populares prescindiese del cuento de la lechera. Déjà vu.

viernes, 7 de enero de 2011

Alejo Vidal-Quadras y el estatut

Alejo Vidal-Quadras analiza la decisión del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña.