miércoles, 14 de diciembre de 2011

Jurar, prometer y no comprometerse

Por Guillermo Brunet


Esta semana se constituyeron las nuevas cortes y en el momento en que los diputados juraron sus cargos pudimos una vez más ver como la nefasta influencia del nacionalismo avanza en todos los niveles e instituciones de España. Desde que hace ya unos años los diputados de Herri Batasuna introdujeran en el Parlamento de España la fórmula “prometo por imperativo legal” cada vez son más diputados y de más partidos quienes también la utilizan, y aprovechando la permisividad de todo el resto de diputados, otros diputados (y no sólo nacionalistas) se permiten licencias y fórmulas que cada vez se alejan más del significado del acto de juramento.

Pero quizás quienes abrieron el grifo fueron antes quienes por falsos prejuicios religiosos permitieron que la fórmula del juramento se devaluara a la de la promesa.

La definición es clara: según la Real Academia, jurar es someterse solemnemente y con igual juramento a los preceptos constitucionales de un país, graves deberes de determinados cargos, etc. Prometer en cambio sólo es obligarse a hacer, decir o dar algo, esperar algo o mostrar gran confianza de lograrlo.

Por lo tanto jurar, no tiene ningún sentido religioso (a no ser que se haga ante Dios), pero sí que otorga solemnidad ante los graves deberes que se asumen delante de España y de sus ciudadanos. Prometer en cambio devalúa el juramento, demuestra buena voluntad pero reduce la responsabilidad al limitarla a mostrar confianza en que se cumplirá con el deber. Yo, como ciudadano, quiero que mis representantes juren, se comprometan ante mi país, ante mí y ante todos los españoles, en que van a cumplir con sus graves obligaciones. Su cargo es muy importante, y no pueden limitarse a solo prometerme que cumplirán.

Pero lo más grave es lo que los nacionalistas siguen haciendo en el Parlamento al prometer sólo “por imperativo legal”. Con esta fórmula pretenden autoexcluirse de la responsabilidad para la que han sido elegidos. Quieren dar a entender que la Constitución no es la suya, que España no es su país. Pero ¿es que el resto de los diputados están totalmente de acuerdo con la Constitución? Pues claro que no, pero sí que juran cumplirla, y como consecuencia, si creen que hay que cambiarla utilizar las reglas establecidas para ello. Los nacionalistas se guardan la carta de la sedición, siempre pueden argumentar que ellos nunca juraron la constitución ya que sólo lo hicieron por obligación, así que tienen las manos libres sin haber sido desleales, para conseguir sus objetivos mediante la violencia (Amaiur), o de conseguirlos incumpliendo la legalidad (PNV, CiU).

¿Por qué permitimos esto? En Alemania un partido Nazi no se puede presentar en unas elecciones porque no está dispuesto a cumplir la legalidad. ¿Por qué en España tenemos que permitir que quien no está dispuesto a cumplir con la ley pueda ejercer un cargo público? ¿Por qué se lo permitimos a los nacionalistas? Eso no es democracia, la democracia solo sobrevivirá si todos cumplimos las reglas, y se cumplen las voluntades de las mayorías respetando a las minorías.

No podemos obligar a nadie a que jure si no quiere, pero todos aquellos diputados que tengan reservas en el ejercicio de su cargo, y no quieran comprometerse al 100% deberían tener un estatus diferente, en el que no recibieran ninguna retribución. Si ellos no cumplen con su parte no tenemos obligación de pagarles, su responsabilidad es grave, no debe haber dinero para los que no se comprometen solemnemente ante los ciudadanos a cumplirla.

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