martes, 4 de octubre de 2011

El comentario xenófobo de Artur Mas y la inspiración hitleriana de Jordi Pujol


Artur Mas ha demostrado recientemente su desprecio a los andaluces y gallegos en una intervención en el parlamento catalán. Es un grave error, ya que son las comunidades más numerosas en Cataluña.
La semana pasada el líder de ‘Ciutadans’, Albert Rivera, defendía en el parlamento autonómico que quería para los niños catalanes el mismo sistema educativo al aplicado en el colegio al que Artur Mas ha llevado a sus hijos, es decir, un sistema en el que no se excluye al español. En el turno de respuestas Mas le contestó: “Estos niños y niñas sacrificados bajo el durísimo yugo de la inmersión lingüística en catalán sacan las mismas notas de castellano que los niños y niñas de Salamanca, de Valladolid, de Burgos y de Soria; y no le hablo ya de Sevilla, de Málaga, de Coruña, etcétera, porque allí hablan el castellano, efectivamente, pero a veces a algunos no se les entiende. A veces no se les acaba de entender del todo pero hablan castellano”. Al decir estas palabras se oyeron muchas risitas en el hemiciclo.
Las reacciones no se han hecho esperar y desde los ayuntamientos de Sevilla y La Coruña se le ha pedido al presidente catalán que pida disculpas. Y así lo ha hecho. Sin embargo cabe preguntarse hasta qué punto el lapsus es un hecho aislado y si lo es ¿por qué produjo tanta risita el comentario xenófobo?
Para entenderlo, es obligado hacer un profundo análisis del fundador de Convergencia. Jordi Pujol estudió en su infancia y adolescencia en el Colegio Alemán de Barcelona durante los años 30 y 40. En esa época se educaba a los niños en el espíritu hitleriano. Allí aprendió el concepto de nación. En 1976 escribió el libro ‘La inmigración, problema y esperanza para Cataluña’, donde al hablar de los andaluces, murcianos y extremeños llegados a Cataluña en los años 50 y 60, hizo el siguiente comentario: “Ese hombre anárquico y humilde que hace centenares de años que pasa hambre y privaciones de todo tipo, cuya ignorancia natural le lleva a la miseria mental y espiritual y cuyo desarraigo de una comunidad segura de sí misma hace de él un ser insignificante, incapaz de dominio, de creación. Ese tipo de hombre, a menudo de un gran fuste humano, si por la fuerza numérica pudiese llegar a dominar la demografía catalana sin antes haber superado su propia perplejidad, destruiría Cataluña”.
Al leer ese comentario, no es de extrañar la preocupación que tiene el ex presidente con los inmigrantes. En un reciente artículo ha expresado su enfado por que los catalanes cambien al idioma español cuando hablan con un inmigrante. A modo de ejemplo ha contado una anécdota personal en la que abroncó a un camarero que antes le había criticado a él por haber sido un presidente poco catalanista pero que luego respondió en castellano cuando un negro le pidió un café cortado en catalán.
También recientemente Jordi Pujol se ha hecho eco de una canción que ha sido todo un éxito en Cataluña. La letra trata de un amor imposible entre un catalanista y una “choni de Castefa”, o sea una hija de inmigrantes con pocos recursos. La canción juega con el contraste entre una persona catalana y educada y una persona castellano parlante de baja clase. Los comentarios del Pujol no se han dirigido a la xenofobia que destila esta canción.
Jordi Pujol ha comentado la frase “y lucharemos por nuestro amor prohibido, Jenifer”. El ex presidente ha comentado “No, no aquí no hay amores prohibidos. La Cataluña que queremos no es una Cataluña de amores prohibidos”. También se ha dirigido al personaje catalanista de la canción para decirle “vete con la Jenifer, y os casáis u os juntáis. ¡Ahora! los hijos, si es que los tenéis … Lo que no puede ser es, que la Jenifer después de un montón de tiempo de vivir contigo no sepa hablar catalán”. Es decir que si la Jenifer está dispuesta a hablar a sus hijos en catalán no es un amor prohibido.
En la imagen, Jordi Pujol y Artur Mas.
Ver crónica en La Voz Libre

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